Expectativas

Cuando alguien me genera muchas expectativas sobre algo y luego no se cumplen, entro en un espiral de frustración que me puede durar días, semanas, meses y años. 

Si alguien me dice que una cosa será de una manera, yo me la imagino tal cual me lo plantean, literal; y reconozco que tengo poco margen de maniobra en cuanto a desviaciones sobre lo que me habían planteado. 

Evidentemente, si no se cumplen porque lo que sea es todavía mejor, no creo que tenga problema (obvio) y, seguramente, entraré en modo “euforia desatada”.
Pero, ojo, siempre y cuando yo crea que es mejor. No me sirve cuando los demás creen que es mejor. En este caso todavía me frustro más y lo más seguro es que tenga una mala respuesta con quien me intente convencer. 

Esto no es un reproche a nadie, porque muchas veces me las genero yo misma.  

Al fin y al cabo, las expectativas no dejan de ser “la posibilidad de” y, como he contado en varias ocasiones, la incertidumbre no me gusta nada.
Además, si tenemos en cuenta que también llevo mal los “ya se verá” y similares, volvemos a lo de siempre: necesito una comunicación clara, concisa y precisa. 

Así que antes de “futurearme” (palabro que me encanta) algo, prefiero que no se me diga nada si no es algo 100% seguro. 

expectativas y frustración

La normalidad es subjetiva 

Cuando hablamos de normalidad y diversidad, siempre tendemos a soltar la tan recurrida frase de “pero… ¿qué es normal y qué no?” a modo de consuelo. Pero realmente dudo que muchas personas se paren a pensarlo detenidamente. Ayer me detuve un rato en pensarlo una vez más.

Lo que para mí puede ser de lo más “normal” o habitual, es muy probable que para otras personas no lo sea; y viceversa. 
Otra cosa es que lo que conforma mi normalidad sea menos habitual que la de los demás y por eso se me pueda considerar diferente. Incluso rara.

Para mí es “normal” ver el mundo en imágenes, decir las cosas como las pienso, híper focalizarme en cosas que me fascinan, sentir intensamente la vida, escuchar una misma canción en bucle, soñar despierta y ausentarme; entre otras cosas. Para mí es lo normal aunque para otros pueda ser “no normal”. 

De la misma manera, para otras personas puede ser normal el comunicarse con dobles sentidos, el relacionarse casi sin esfuerzo, el salir a la calle sin asustarse por los ruidos,… Para otros puede ser «la normalidad» todo esto mientras que para mí no lo es.  

En lo que creo que sí que estaríamos de acuerdo es en que la diversidad es objetiva porque todos somos únicos e irrepetibles. O, por lo menos, así lo veo yo.

En mi opinión, la normalidad es subjetiva y la diversidad objetiva.

Sobre relaciones sentimentales: el flirteo

Las relaciones sentimentales, y el flirteo, es uno de estos temas que se encuentra en el límite entre lo que quiero que prevalezca en mi intimidad y, a la vez, creo que es urgente visibilizar para ayudar a las que ahora son niñas y un día serán mujeres. 

He dicho en más de una ocasión que me considero una persona muy reservada y creo que en este tema es donde más lo soy. Siempre que me preguntan sobre asuntos personales sentimentales, no tengo reparo en decir que yo no hablo de mi experiencia en esto. 

Así que lo que quiero transmitir aquí es mi opinión personal en base a mi experiencia , sin entrar en detalles, y en base a la experiencia de otras mujeres que se encuentran en el espectro del autismo. Del mismo modo, quiero dejar claro que esto no representa a toda la comunidad autista, sino que es una opinión totalmente personal y subjetiva. 

Como titular diría que creo que nuestra condición nos hace vulnerables en lo que a relaciones sentimentales se refiere. Hablando claro: somos carnaza para determinados depredadores. Estoy segura de que los abusos y los malos tratos están a la orden del día entre las mujeres autistas. Y es por esto que  siento que debemos informar y dar muchas herramientas a las niñas. Esas herramientas que no tuvimos las mujeres que hemos recibido una diagnóstico tardío. 

El flirteo

Vivimos en una sociedad en la que el flirteo, o sea ligar, se nutre de dobles sentidos, indirectas, señales, rodeos… Creo que estaremos de acuerdo en que por aquí ya empezamos mal. Porque aquí sí que no tengo reparo en decir que yo misma no pillo ni una indirecta y soy literal a más no poder. Así que en el primer paso ya vamos mal. O me dan un mapa, o no llego. Por no hablar el sí que es no y viceversa. Pero de esto ya hablaré con más detalle en otro capítulo.
Resumen: si la comunicación no es directa, clara y concisa, es fácil perderse.

Por otro lado, puede darse la situación de que tengamos una comunicación tan directa, que la otra persona eche a correr despavorida. Porque esto tampoco gusta y, además, ser directa parece que no es sexy.  Eso de ser sexy creo que también debe ser un tipo de máscara social, pero de las que se usa más, o con más facilidad, en el mundo «neurotípico» (curioso, ¿eh?).

Hasta aquí puede ser un desastre en cuanto a poder lograr iniciar una relación, pero bueno, son «cositas» de nuestro día a día.

Lo que me aterra en este punto de una posible relación, es la parte de no comprender las intenciones del otro. Esto me da pánico. 
Porque si muchas veces no entendemos nuestras propias emociones… ¿Cómo vamos a entender la de otra persona y, por ende, sus intenciones? 
Y si esto se mezcla con la necesidad de encajar a toda costa con nuestro entorno, el resultado puede ser muy peligroso.

Como conclusión personal os tengo que decir que el flirteo me parece cansado y bastante aburrido si tengo que estar continuamente descifrando enigmas sin entender nada. 

Y que quede clara una cosa: una comunicación directa, clara y concisa no es sinónimo de aburrido y carente de chispa. Todo lo contrario, creo que cuando sentimos que nos podemos relajar y ser nosotras, es cuando sale ese sentido del humor tan nuestro (aquí he dado un último coletazo para hacernos las interesantes 😉 )

En el próximo capítulo: relaciones tóxicas. 

Cosas de quitarme la máscara

Quitarme la máscara no siempre es fácil. Tanto por tener que cambiar mi manera de “actuar” en sitios donde tengo muy interiorizado mi papel enmascarado para encajar y cumplir con todos los cánones de comportamiento posibles. Así como por el simple hecho de que ni siquiera me doy cuenta en algunos entornos hasta que llego a casa y lo analizo.

Lo que sí he notado los últimos meses es que al ir analizando mi pasado y mi presente, desde este nuevo paradigma, hay muchas cosas que yo creía que me gustaban y no era, ni es, así.
Tenía tan interiorizado el tener que encajar a toda costa, que me había llegado a engañar a mí misma creyendo que me gustaban cosas que en realidad no me gustan ni me hacen feliz. Y me atrevería a decir que más bien me agotan y me hacen sentir mal. 

Esto me estaba ocurriendo tan a menudo, que hace unas semanas tuve que frenar y bajar el ritmo. Creo que me sentí sobrepasada por descubrir tantas cosas.  

Y tengo que darle las gracias una vez más a Judith, con quien sigo terapia semanal, por recordarme a menudo que dosifique. Porque con lo impulsiva e intensa que soy, había rebasado todo límite de velocidad posible en auto analizarme y querer avanzar. 

Creo que no somos conscientes de todo el trabajo que tenemos que hacer tras recibir un diagnóstico tan tardío. Yo misma estaba tan eufórica y me sentía tan liberada, que no tenía ni idea de lo que iba a venir cuando fuera descubriendo más y más cosas. Tenemos tantos porqués que resolver, tanto que perdonarnos y tantas heridas por sanar, que pensar en el futuro conociéndome como nunca pasa a estar en un segundo plano. 

Por todo esto insisto en la importancia, y necesidad imperiosa, de tener acompañamiento psicológico tras recibir un diagnóstico. Y ahora mismo no lo tenemos si no es pagando de nuestro bolsillo.

camuflaje y enmascaramiento autista

No estoy rota ni defectuosa

Gracias a descubrir el diagnóstico de autismo, entender mi condición y conocer a otras personas con las que sentirme identificada, supe que no estoy rota ni defectuosa.

diagnóstico de autismo

Soledad emocional

En los artículos anteriores sobre la soledad, tanto la primera parte como la segunda, hablé más bien de la soledad física y no tanto de la soledad emocional. Esa soledad que arranca vidas.
Y es que ya dicen que no es lo mismo estar solo que sentirse solo, ¿no? 

He hablado en varias ocasiones sobre la necesidad de estar sola, por ejemplo, cuando estoy en pleno shutdown. Cuando necesito estar sola físicamente para poder reponerme del desgaste que me han supuesto una serie de interacciones sociales, o situaciones, que me han superado.  

También he hablado de la soledad elegida, de disfrutar de mi soledad física o social, para poder concentrarme en alguno de mis intereses intensos.

La soledad emocional creo (no sé si estoy usando el término correcto, no soy experta) es la que he sentido a lo largo de mi vida como consecuencia de cosas como: el sentido de no pertenencia, la incomprensión, las inseguridades o la baja autoestima.
Es un sentimiento muy profundo que supongo que era inevitable mientras yo misma no entendiera el porqué me sentía así. Y es que llegar al origen de las cosas es fundamental. 

Con esta reflexión no quiero culpar a mi entorno más cercano (familia y amigos) por no haber detectado esto antes; ni siquiera a los profesionales que en su día no lo detectaron. Es un tema lamentablemente muy desconocido.
Tampoco me quiero culpar a mí misma por camuflar, de manera inconsciente, lo que me ocurría; y por haber ido reduciendo tanto mis interacciones sociales los últimos años. Me he aislado.

Mi objetivo es, una vez más, el de dar visibilidad e intentar que otras personas tengan que pasar por lo mismo.

Para finalizar, me gustaría mucho decir que desde que tengo el diagnóstico ha menguado este sentimiento de soledad, pero no es así. Incluso me atrevería a decir que ha aumentado en algunos momentos y situaciones.
Desde que tengo el diagnóstico he entendido el porqué y he tomado consciencia.  No es un proceso sencillo ni agradable; pero sí necesario.
Y el hecho de tomar consciencia no hace que desaparezca sino que te da ciertas pistas para abordar y trabajar este sentimiento.

En el cuento breve de un diagnóstico tardío que escribí, esta sería una de las losas más pesadas del saco que he cargado durante mi vida; y una de las que más dudo que algún día me pueda liberar. 

soledad emocional

Reflexión breve sobre mostrar afecto.

Hace unos días, en el artículo sobre el contacto físico, escribí también sobre la falta de empatía y reciprocidad que existe en las muchas maneras que hay para mostrar afecto hacia otra persona. 

Entiendo que existan unas normas sociales, porque sino esto sería un caos y ni yo misma podría soportarlo, así como costumbres y tradiciones. Pero otra cosa es que exista una única manera “correcta” o aceptada de hacer las cosas; siempre y cuando no se falte al respeto, claro.

Vivimos en una sociedad en la que parece que, si no tienes contacto físico para mostrar afecto, vas a caer mal de entrada.
No se acepta, por ejemplo, que para algunas personas dar dos besos para saludar sea algo demasiado intrusivo. O que me sienta incómoda cuando alguien invade mi espacio y necesite apartarme un poco. Y, ojo, esto no significa que esa persona me caiga mal. Simplemente necesito mi espacio.

En mi caso soy incapaz de dar besos porque sí.
Como mucho, para encajar en esta costumbre, hago el gesto de poner la mejilla. Y esto es algo por lo que también se me ha criticado, y critica todavía, mucho. Solo doy besos a mi círculo más cercano y de convivencia diaria. 
Me cansa escuchar que “es de mala educación” no hacerlo.

Creo que a menudo caigo mal o soy una “rara” por ese motivo.

Sinceramente, creo que es infinitamente mejor una mirada amable para saludar, con una sonrisa (o no); que dos besos forzados.
Pero cuando sales de la manera estándar, y en mi opinión a menudo hipócrita,  de hacer las cosas, te conviertes en una maleducada. 
Y cuando digo hipócrita me refiero, por ejemplo, a esos besos “forzados” a personas que no conocemos y que estoy segura a quien más quien menos les apetece cero.

Por otro lado, a veces me he sentido rechazada por escribir mis muestras de afecto en lugar de mostrarlas de manera «física» o con palabras. También parece molestar el hecho de que a veces me cuesta un mundo entender y verbalizar lo que siento y necesito hacerlo a mi manera (y con mis tiempos).

Eso sí, yo, la que no tengo empatía según algún mito, soy consciente de que muchas otras personas puedan necesitar que les muestre mi cariño de una manera distinta a la mía y me esforzaré en hacerlo; siempre y cuando el esfuerzo sea recíproco. 

Así que voto por validar toda muestra de cariño que, obviamente, no sea ofensiva, violenta ni irrespetuosa hacia la otra persona.

mostrar afecto y autismo

La ansiedad como consecuencia

Y es que durante mi vida he tenido que escuchar infinidad de veces que la ansiedad era la causa de todos mis «problemas», sin ayudarme a encontrar el origen de esa ansiedad.

Gracias a obtener el diagnóstico de CEA (Condición dentro del Espectro del Autismo) y a conocer mi perfil sensorial, he empezado a encontrar esas respuestas que tanto necesitaba. Y he podido empezar a trabajar las cosas desde el origen; tanto mis dificultades como mis capacidades.

Cuando hablo de la ansiedad como consecuencia, me refiero a ser la consecuencia de cosas como, por ejemplo, de tanto enmascarar, de tanto querer encajar, de tanta soledad y de tanto desconcierto.

En mi opinión, conocerse a uno mismo es muy necesario. Y recibir los apoyos y herramientas correctos es vital. Debería ser un derecho universal.

Resignación

Creo que la resignación es algo que ha formado parte de mi día a día.
Bajar la cabeza y aceptar por no llevar la contraria. Además, cuando crees que tú eres la “rara”, pues simplemente pisoteas un poco más tu autoestima y claudicas. 

Y curiosamente me considero tozuda (perseverante, vale, que queda mejor), pero siempre he tenido mi lucha y mis renuncias más bien en silencio.
En un momento dado incluso confieso que puedo ser el dicho de “perro ladrador, poco mordedor”. Aunque en algunos entornos habituales ni siquiera “ladro”, bajo la cabeza y digo sí a todo.

Me aterran los conflictos, tengo aversión a la violencia; así que ante un posible conflicto, casi siempre he cedido.
Pero, ojo, no olvido. Y así el cúmulo de bucles y asuntos no cerrados y mal gestionados se va haciendo inmenso e insoportable en mi cabezota. 

¿Cómo iba a llevar la contraria a nadie, aunque eso significara defender mis principios,  si mi máximo objetivo siempre había sido el de ser “una más” entre los demás?

Esto ha hecho que haya tirado la toalla cuando podría haber luchado por algo que merecía la pena, o haya dejado perder grandes oportunidades.

Quien me conoce de verdad, creo que me define como una persona luchadora. Incluso yo misma me considero una persona luchadora, quizás sólo por mi propia supervivencia en una sociedad hostil, pero lo soy. 

Eso sí, la cosa cambia cuando hay una injusticia en mi entorno o se si incumplen las normas. Ahí sale la guerrera que llevo dentro.
El problema, el gran problema, es que esa guerrera debería haber salido también para defenderme a mí misma, en lugar de dejar que esa guerrera se hiciera más y más pequeñita. 

Así que esa resignación automatizada es una cosa que quiero que desaparezca para que el mundo sepa que tengo unos valores por los que voy a luchar y no me pienso callar más.  

Importante: tengo que decir que los últimos meses me lo he empezado a aplicar y he dicho NO a cosas que antes hubiese callado y seguido sin decir nada por querer agradar.

resignación y autismo

Persona en proceso de empoderamiento.

Sí, estoy en ese proceso de empoderamiento.
A pesar de mis días, semanas y meses en los que sigo teniendo periodos de mucha inestabilidad emocional.
A pesar de sentirme abrumada por todo lo que estoy descubriendo.
A pesar de todo eso, estoy en ese proceso.

Sé que todavía tengo muchas heridas por sanar tras tantos años camuflando algo que no comprendía.
Sé que todavía me queda mucho camino por recorrer hasta atreverme a ser siempre YO,
Pero también sé que puedo lograrlo. Sé que si sigo adelante, a pesar de todo esto, puedo lograr ese empoderamiento que tanta falta me hace.

¡Allá voy!

empoderamiento autista