Sentido de pertenencia después del diagnóstico

Hace unas semanas conté mis sentimientos de no pertenencia antes del diagnóstico y hoy quiero escribir sobre el sentido de pertenencia después de haber recibido el diagnóstico. 

  • Entender, por fin, por qué te sientes diferente.
  • Sentir que puedes «encajar», sentirte parte de algo, siendo tú.
  • Sentir que no es malo que no te interese lo mismo que a la mayoría.. Al contrario, puede ser una fortaleza.
  • Sentir que sí puedes encontrar tu lugar en el mundo.
  • Sentir que, por fin, te identificas con otras personas que comparten tu manera de ver y de sentir las cosas..

Sentir, por fin siento que estoy en el camino de encontrar mi lugar en el mundo. 

Tampoco quiero engañar a nadie haciendo creer que, de un día para otro, el diagnóstico me ha cambiado toda mi vida; y todo es perfectamente maravilloso.
El camino es duro, pero compensa, sin duda. Y, si no logro todo lo que querría, por lo menos espero poder ayudar a quienes vienen detrás.

Sigo gritando alto y claro la urgencia de no permitir más diagnósticos tardíos.

sentido de pertenencia y autismo

Autosabotaje

El autosabotaje o autoboicot es algo que, sin darme cuenta, me lo he hecho a diario y me va a costar trabajo dejar de hacerlo. 
En resumen, diría que es el hecho de convertirme en mi peor enemiga para ponerme trabas en el camino hacia mi propia felicidad. 

¿En qué consiste el autosabotaje?
Pues en dar por hecho, o convencerme, de que no puedo; o que no me lo merezco; o que no quiero, aunque sea lo que más deseo,…
Pongo un NO a modo de escudo y de allí no me saca nadie.  

¿Qué hago?
Dejo las cosas a medias dándolas por perdidas sin haberlo casi ni intentado.
Procrastino a más no poder, seguramente hasta perder la oportunidad o dejando que se me pasen los plazos. 
Me niego oportunidades que serían positivas para mí.

¿Por qué? 
Pues no sabría decirlo, porque no soy especialista, pero desde mi propia experiencia diría que, a lo largo de mi vida, me debía ocurrir por la propia inseguridad de vivir en un mundo que no comprendía.
Y ahora me ocurre por las secuelas que voy arrastrando, como la baja (o nula) autoestima, tras tantos años viviendo así.
Y, posiblemente, por esa autoexigencia insoportable con la que convivo. 

Consecuencias
Ansiedad, depresión, atracones, autoimposición de castigos, autolesiones, abandono de mi autocuidado… y un largo etcétera. 
Tanto al darme cuenta de lo que he hecho al negarme algo, como para reforzar mi decisión del «no».

Y hasta aquí un primer acercamiento al autosabotaje, o autoboicot.

En este artículo he hablado de muchos conceptos importantes sobre los que iré escribiendo de manera individual y con ejemplos. 

autosabotaje

Sentido de pertenencia antes del diagnóstico

El sentido de pertenencia es el sentimiento por excelencia cuando me preguntan qué me llevó al diagnóstico.

  • Sentir que eres diferente y no saber explicar el porqué ni en qué.
  • Sentir continuamente que no encajas, que no eres parte de casi nada.
  • Sentir que no te interesa lo mismo que a la mayoría.
  • Sentir que no tienes lugar en un mundo  que no comprendes.
  • Sentir que no compartes con los demás la manera de vivir y sentir las cosas.
  • Sentir que no te identificas con otras personas..

Entonces pienso sobre este sentido de no pertenencia y me digo a mí misma: ¿Cómo me iba a sentir parte de algo si no reconocía ni respetaba mi propia identidad?

La buena noticia es que, de alguna manera, esto ha cambiado tras obtener el diagnóstico de TEA y en unos días lo compartiré por aquí. 

Mientras, grito alto y claro ¡NO MÁS DIAGNÓSTICOS TARDÍOS! Es urgente.

La frustración

La frustración es una palabra que podría resumir bastante bien mi vida. 

¿Por qué? Pues por:
– No sentir interés por lo mismo que los demás
– No lograr ser como los demás
– No gustarme en ninguna de mis versiones
– No conseguir demostrar mis capacidades
– No saber expresar lo que siento. A veces ni siquiera entenderlo yo misma. 
– No poder tener unas emociones más estables. 
– No encontrar mi lugar en el mundo. 

¿Sigo? 

Podría seguir enumerando cosas que me han hecho sentir frustración, pero la que sin duda se lleva la palma es el eterno saber que era diferente y no conseguir saber en qué ni el porqué. Eso es  agotador. 

Así ha sido durante los primeros 40 años de mi vida 😉  pero no tengo ninguna duda de que esto va a mejorar. La frustración siempre estará, pero espero que en menor medida. 

#NoMásDiagnósticosTardíos

Frustración y autismo

Trámites: el grado de discapacidad

Cuando obtuve el diagnóstico de autismo y empecé todo este proceso de descubrimiento y aceptación, apareció un trámite que no me había planteado nunca: el reconocimiento del grado de discapacidad. 

Eso que me iba a dar tantas respuestas, llevaba incluída la palabra “discapacidad”. Y a pesar de no existir muchas ayudas (depende del porcentaje) decidí iniciar este trámite porque es mi derecho y, aún siendo adulta, necesito unas terapias que tengo que pagar yo porque nuestro sistema sanitario no cubre. Así que cualquier ayuda suma.

Yo vivo en Barcelona, así que algunos de los datos que pueda compartir, serán válidos para la CCAA de Catalunya; no sé cómo es en otras comunidades y, mucho menos, en otros países. 

Antes de contar mi experiencia en este trámite, hago un breve resumen de los pasos que hice para solicitar el reconocimiento de grado de discapacidad: 

  • Solicitud aquí, donde se indica cómo hacer el trámite por internet o presencial. En mi caso cumplimenté el formulario que se encuentra en la web y fui de manera presencial a entregarlo, junto con los informes de los diagnósticos. Me indicaron que tardarían hasta un año en contactar conmigo del centro de valoración. 
  • Unos meses más tarde llamaron por teléfono y me citaron en el Equip de Valoració d’Adults de Barcelona – CAD Paral·lel (más abajo detallo cómo fue). 
  • 2 meses más tarde recibí, por correo certificado, la resolución del reconocimiento de grado de discapacidad. 
  • Y más adelante me llegará la tarjeta… ¡espero! 

QUÉ SUPONE EN GENERAL TENER LA DISCAPACIDAD EN BARCELONA
Pues por lo que entendí, depende del tramo en el que te encuentres. Hasta un 33% creo que se traduce en nada. Y entre el 33% y el 64%, que es mi caso, me entregaron un documento donde se indicaban las siguientes ayudas: 

  • Deducción IRPF (Declaración de la Renta)
  • Exención del impuesto de matriculación del vehículo. 
  • Impuesto de donaciones y sucesiones. 
  • Exención del impuesto de circulación.
  • Tarjeta transporte público (en función de los ingresos de la unidad familiar).  
  • Tarjeta dorada Renfe
  • Ventajas laborales (accesos a puestos de trabajo). 

A parte, me consta que existen otras ayudas en parques de atracciones, museos, etc. 

Una de mis dudas era si esto me podía afectar en mi trabajo actual y en la custodia de mis hijos. Me dijeron que NO. Nadie tiene que saberlo si tú no lo dices (sí, soy consciente de que yo lo estoy gritando a los cuatro vientos). Es un dato personal y confidencial. 

QUÉ SUPONE PARA MÍ OBTENER LA DISCAPACIDAD
Pues ahora mismo: lo que me ahorro de IRPF y algún impuesto, me sirve para cubrir parte de las terapias que no me paga el sistema sanitario. Y ya está. 
Porque señores… las terapias son un dineral (las que estoy haciendo actualmente y tooooodas las que he estado pagando a lo largo de mi vida). 
A nivel emocional reconozco que me ha costado alguna lágrima más que otra, ya que es algo que no me había planteado nunca y, a pesar de quitarle hierro y “normalizarlo”, es algo que tengo que asimilar.
Al fin y al cabo, en menos de un año he recibido mi diagnóstico y la discapacidad… Creo que tengo que darme un tiempo en ir asimilando y aceptando todo lo que me va pasando. 

CÓMO FUE MI VALORACIÓN EN EL CAD
Me llamaron un miércoles para convocarme para el lunes siguiente al tribunal médico.
Por suerte, en la misma llamada, ante mi voz de susto, me aclararon que “el tribunal” no era lo que me estaba imaginando. Sí, reconozco que me estaba imaginando un tribunal con pelucas, togas, etc. ¡Menudo susto!
Los días previos pedí los informes actualizados de mis diagnósticos y pregunté a otras personas que ya habían pasado por eso, para saber cómo era el proceso y así poder anticipar un poco lo que me iba a encontrar. 

La información que encontraba en redes sociales e internet en general no era muy alentadora.
Me dijeron que me negarían todo lo que yo dijera o aportara; que si tengo trabajo, no me reconocerían ningún grado de discapacidad… Llegué a leer algún “no te creerán” y yo pensaba “¿Creerme? si yo no voy a mentir, yo sólo voy a mostrar lo que hay”.  

Era un lunes, a primera hora por la mañana. Llovía. 
Estaba muy nerviosa porque no sabía cómo era el sitio, cuántas personas me iban a atender, cómo y quiénes eran estas personas, cuánto rato iba a estar… No tenía anticipación y esto me generó mucha angustia. 
Además, con todo lo que me habían comentado o había leído, me había anticipado que sería una situación horrible. Ya que según me habían contado, me iba a encontrar en un sitio donde me iba a sentir mal. 

La realidad fue que la situación en sí no era agradable, porque para mí era algo desconocido y que todavía tenía que asimilar, pero creo que tuve suerte y las personas que me atendieron fueron muy amables. No me sentí mal.  

Primero pasé con la psicóloga, que era una profesional muy amable que me hizo sentir cómoda, y…. ¡Tachán! EMMASCARÉ ¿quéééé? Lo que leéis… no se me ocurrió nada mejor que ponerme una máscara y ser estupenda. Porque cuando estoy nerviosa puedo actuar de dos maneras: quedarme callada y responder con monosílabos, o hablar más de la cuenta.

Una de las cosas que leí es que lo más importante es si tienes trabajo, porque de ser así, te perjudica en la valoración…. Yo tengo trabajo ahora mismo: llevo la dirección de una escuela de música. Y lo dije, por supuesto. Igual que también conté las dificultades que me suponen varias situaciones, así como cosas que me han pasado debido a mi condición. 
Creo que tuve suerte porque me dio la sensación de que era una persona que conoce el espectro del autismo y, gracias a ella, que me hizo muy concretas, pude contar cosas “clave”. Porque yo estaba en “modo no pasa nada” con mi “fachada estupenda”. 

Al terminar la entrevista con la psicóloga, tuve una mini entrevista con la asistente social para que me contara a qué ayudas podría acceder, ya que en la primera valoración ya me confirmaron, verbalmente, que tendría un porcentaje por encima del 33%. 
Yo estaba muy nerviosa por si esto podía afectarme en mi trabajo y en la custodia de mis hijos, Me dijo que no. 
Supongo que me vio tan angustiada que al final me dijo algo que se me quedó grabado. Me dijo “Sara, discapacidad no es incapacidad, no lo olvides”. 

MI REFLEXIÓN 
No tengo queja de las personas que me atendieron. Más bien todo lo contrario, tuve la sensación de que “escarbaron” para sonsacar información, porque yo estaba en modo “masking” total hasta que me di cuenta y en mi cabeza sólo podía reproducir una frase: “¿Cómo le voy a contar tantos detalles de mi vida a alguien que acabo de conocer?»

En mi humilde opinión, creo que es difícil valorar bien un grado de discapacidad con una entrevista de 30’ minutos en casos, como puede ser el mío, en los que “no se me nota” (eso que me dicen siempre).  Recordemos que he tardado 41 años en recibir el diagnóstico… ¿De verdad en 30 minutos van a poder valorar mi grado de discapacidad?

Si soy una persona que llevo toda la vida camuflando, enmascarando; es muy probable que lo siga haciendo allí. Estoy segura de que esto no se tiene en cuenta en la mayoría de los centros de valoración y, por este motivo, a muchas personas se las valora de manera errónea.

Creo que sería muy interesante poder hacer extensiva , a los centros de valoración, la visibilidad (¡ formación!) que estamos dando las personas adultas autistas, para que conozcan mejor esta casuística y esta condición. 

Reconocimiento grado de discapacidad

Contradictoriamente: impulsiva e indecisa.

No tengo muy claro si sea hecho de ser impulsiva e indecisa on conceptos opuestos o, todo lo contrario, complementarios. 

En mi cabezota son dos conceptos presentes en mi día a día que los veo como totalmente contradictorios.

Así que, para variar (ironía), vuelvo a irme a los extremos, para (con)vivir con esa intensidad que me caracteriza. 

Por un lado, tomo decisiones impulsivas cuando veo algo que quiero o cuando quiero hacer algo que me despierta mucho interés. Y soy terriblemente impaciente, sí, lo reconozco.

Y, por otro lado, me puedo quedar bloqueada para tomar decisiones tan «simples» como, por ejemplo, decidir de qué quiero un croissant. 

Otra cosa son los temas más emocionales / sentimentales. 

Con esto creo que soy muy «visceral» y me dejo llevar por mi intuición (aunque a veces no la quiera escuchar). 

En fin, aquí dejo esta reflexión caótica y breve sobre la que seguiré pensando porque creo que no me estoy entendiendo ni yo 🤣🤣

Autismo, ironía, dobles sentidos y demás

Cuando empecé a leer sobre autismo, encontré sitios donde se hablaba de la interpretación literal de las cosas; así como de las dificultades para captar la ironía, el sarcasmo, los dobles sentidos y demás.
Y yo pensé “¡Qué va! esto no va conmigo”… Pues ahora creo que lo que no iba conmigo era el engaño al que me había sometido a mí misma. 

Me he dado cuenta de que soy muy literal. Y mi entorno también se ha dado cuenta.
Yo ya sabía que lo era con las cosas que digo, pero no tenía nada claro que lo fuera a la hora de interpretar las cosas. Y es curioso porque en ambos casos me ha traído problemas.
En el segundo caso es evidente los malentendidos que puedo haber tenido por interpretar de manera literal lo que sería, por ejemplo, un doble sentido.
Pero lo que me resulta preocupante es el primer caso, en el que yo pueda decir lo que pienso o lo que es, y los demás interpreten de manera errónea que quiero decir lo contrario. Por el simple hecho de que es lo “normal”. Eso me preocupa y me cuesta entender.  

Ejemplo: IRONÍA
Definición según wikipedia: “Modo de expresión o figura retórica que consiste en decir lo contrario de lo que se quiere dar a entender, empleando un tono, una gesticulación o unas palabras que insinúan la interpretación que debe hacerse”.
O sea: lo que dicen es pero no es y yo sé que no es. Pero dudo porque no sé si realmente lo que no es es lo que quiere decir o lo que quiere decir es lo que es y como le da vergüenza simula que no lo es.
Todo esto es lo que procesa mi cabecita cuando cree que ha detectado una ironía. Así que casi mejor prefiero no enterarme, como suele ser. 

Estar siempre así me genera un estado de alerta y de tensión continuo para entender, interpretar, transmitir y, en definitiva, comunicarme de manera socialmente “aceptada”. 

Y, qué queréis que os diga, prefiero simplificar y tirar de literalidad que pasarme el día descifrando, preguntando y dando explicaciones. 

Después de esto, habrá quien piense “pues menudo tostón de tía” y yo contestaré “no hace falta tanta historia para tener un sentido del humor de lo más sano, original y único”. 

Dejo para otro capítulo el escribir sobre «los no que significan sí y viceversa».

Amistad: reflexión y autocrítica

El tema de la amistad es uno de los que tengo guardados todavía para analizar, entender y retomar cuando vaya teniendo un poco más asentado todo esto. Pero ahora he tenido un momento de mini reflexión y autocrítica que me ha apetecido escribir. 

Siempre he tenido la idea inculcada, o preconcebida, de que cuantos más amigos tuviera, mejor. Porque más “integrada” estaría en todos lados y más “parte” sería de “algo”. ¿Verdad? Pues con los años digo ¡Mentira! 

A lo largo de mi vida siempre me he esforzado para tener muchos amigos. aunque ahora creo que en realidad lo que he hecho es conocer a mucha gente (pero mucha mucha  mucha). Quizás aquí, en el error de conceptos en mi cabecita, es donde radica parte de la frustración que me ha producido este tema; ya que pocas veces he sentido la amistad tal y como se describe

Una prueba del desgaste que me producía este ritmo frenético para socializar es que los últimos años he ido reduciendo de manera drástica las interacciones sociales y amistades. ¿El motivo? Agotamiento, desgaste, desmotivación, frustración y un largo etcétera.  

Durante los últimos años, será por la edad, he empezado a darme cuenta de esa confusión entre amigos y conocidos; y, que en muchos casos, los que yo creía amigos sólo me querían cerca por interés. Eso duele.
El problema es que por el propio miedo que sentí al darme cuenta, me encerré más de lo que posiblemente debiera. Necesité refugiarme, protegerme. Eso fue antes del diagnóstico. 

Sé que, como toda relación humana, una amistad verdadera no es algo que surja cada día de nuevo y que se tiene que “regar” (sentido figurado). 

Igualmente sé que lo que se dice de que mejor tener pocos amigos y buenos, que muchos a medias.

Volviendo al presente, creo que tengo habilidades sociales suficientes para interactuar de manera satisfactoria en primeros contactos.
De hecho, creo que no se me da mal conocer a personas nuevas. Y esto cobra sentido si tenemos en cuenta lo mucho que me gusta analizar los comportamientos y las personas.
Eso sí, en entornos donde ya sé que no voy a encajar, no hace falta ni intentarlo. No voy a ir. O si alguien no me entra por los ojos, porque mi intuición es muy bruja,  dudo que cambie de opinión. Y se me nota, mucho. 

He leído cosas como que “a las personas autistas no les gusta tener amigos”… ¡Mentira también en mi caso! Claro que quiero tener amigos.
A mí lo que me cuesta es conectar, crear vínculos y mantenerlos. Aquí es donde radican mis dificultades. Desconecto enseguida de las personas a las que conozco. Es como si necesitara muchos más estímulos de los que recibo. No hablo de conversaciones a altos niveles intelectuales, no nos confundamos.
Justamente no me considero una persona culta. Me refiero supongo a conectar, a hacer un match en intereses. 

Haciendo un poco de autocrítica, soy una persona que salto de un tema a otro con mucha facilidad; no soy constante y a veces fallo en la comunicación tanto en tiempos como, posiblemente, en formas (por esa falta de filtros). Soy poco recíproca dicen.
Pero, a la vez, a mi favor creo que soy una persona honesta, respetuosa y con unos valores donde la amistad es sagrada. 
Cuando consigo crear vínculos, van directos al alma.

Hasta aquí mi pequeña reflexión y autocrítica sobre la amistad. Puede interesarte leer esta reflexión que hice a las pocas semanas de recibir el diagnóstico.

Amistad en el espectro autista

Flamenco y sevillanas

Siempre me ha llamado la atención el flamenco y las sevillanas. Me gusta la música, el baile…. todo menos los mogollones que se pueden crear en sitios pequeños. 

Nací en Barcelona, pero de los 0 a los 3 años viví en el Cabo de Gata. No creo que tenga nada que ver, o sí, pero he soñado miles de veces en lo que se debe sentir siendo una “bailaora”.

Soy una persona que vive las emociones intensamente y, quizás por esto, me fascina el flamenco por sentirlo de manera tan visceral y pasional.  
El taconeo (o zapateado, no soy experta), es maravilloso para descargar, regular y sentir de una manera tan fuerte e intensa.  Así como dar vueltas o seguir el ritmo con las palmas.

El movimiento que se hace con las muñecas y las manos, en las sevillanas, es un movimiento que suelo hacer para estirarme y regularme. Así que sumado a todo esto, ya es lo más.
Y, no os lo creeréis, pero me encanta que se aprendan con tantos números En mi cabeza no paro de visualizar secuencias de números.

También cabe tener en cuenta el peso de las faldas o vestidos. Cuanto más pesen, más me gustan. Justo antes del confinamiento, en un paseo de los que hago sola por el centro de Barcelona, me compré una falda hecha a medida que me encantó, a parte de por la forma, por el peso, la textura y el color. Fue un flechazo. 

Eso sí, si bailo sevillanas, necesito mantener siempre las distancias o me agobio. Mi próximo objetivo es aprender a bailar flamenco.

Foto Sara de niña en Cabo de Gata

Reflexión tras el 2 de abril: resaca emocional.

Ya ha pasado el 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, y hoy quiero hacer una reflexión sobre el día en cuestión y la resaca emocional, a pesar de seguir con un desgaste importante y me está costando redactar con un poco de claridad.

Supongo que estamos de acuerdo en que las causas no se deben defender, visibilizar o apoyar un día al año sino que eso debería hacerse a diario.
Los “días internacionales de…”, desde mi punto de vista, pueden servir para concienciar y sensibilizar a más personas de lo habitual y, posiblemente, llamar la atención de los medios de comunicación y políticos (esto es discutible, pero… estoy optimista).
Aunque hoy en día, cada día es el “día internacional” de varias cosas y de lo más variopinto. Debe formar parte del mundo del postureo en el que vivimos. 

Bien, a lo que iba. Este año ha sido mi primer 2 de abril que he vivido en «primera persona».
Algunas personas de mi entorno, que ya llevan años batallando por dar visibilidad, me advirtieron de lo frustrante que puede ser dejarte la piel ese día para los «pocos resultados» que se obtienen. Pero era mi primera vez y lo quería hacer y, a poder ser, disfrutar.
Aún siendo consciente del desgaste que me suponía algo así, merecía la pena invertir mis energías en ello. ¡Ojo! Merecía y merece, porque lo haría una y mil veces más. 

Los días, incluso semanas, previos estuve intentando dosificar mi tsunami de ideas y ganas de hacer cosas. Me propuse hacer un vídeo y colaborar en varios eventos, con el único objetivo de dar visibilidad.
Lo hice. Mejor dicho, lo hicimos, porque fuimos un equipo de muchas personas aunadas por la misma causa. En este sentido fue mágico.

PREPARATIVOS Y RESACA EMOCIONAL
Los días previos ya empecé a notar cierto cansancio pero la motivación y las emociones eran tan grandes, que podía llevarlo bastante bien.
El día 1 por la noche empezaron las emociones fuertes cuando presentamos el vídeo y empezamos a recibir respuestas. Ese miedo, por la propia inseguridad de no haber plasmado bien el mensaje que queríamos transmitir, iba desapareciendo y se iba convirtiendo en más y más euforia (¿meltdown?).
El día 2 era viernes, pero festivo (semana santa). Un día un tanto “raro”, pero por lo menos no tenía que ir a trabajar y esto ya era un puntazo para poder darlo todo.
Por la mañana seguía la euforia a todo gas, con momentos de mezcla de emociones, y, cómo no, con mucha intensidad por mi parte.
A primera hora de la tarde empecé a notar que el desgaste hacía mella y me estaba quedando sin energías. Pero podía  o, más bien, quería hacerlo a toda costa.
Seguí con mis actividades, principalmente charlas en directo, y cada vez me iba apagando más y más. A las 21h ya me noté derrotada y me quedaba una charla. La intenté hacer entera, pero no la pude terminar, estaba literalmente sin energía. 

¿Qué me pasa cuando me quedo sin energía?
Pues creo que es lo que se le llama shutdown. Me apago.
No me salen las palabras, ni una sonrisa, ni casi tengo fuerzas para hacer algo tan cotidiano como comer o beber.
Normalmente estoy triste también aunque en la mayoría de las veces ni siquiera logro llorar.
Puedo mirar hacia un punto fijo durante mucho rato o tener una mirada poco “definida”, incluso perdida (no sé cómo explicarlo mejor). Estoy ausente.
Tengo la sensación de que me pesan más de lo normal las extremidades. Me duele la cabeza a ratos y se me agudiza la hipersensibilidad acústica.
A veces con sensación de fiebre, dolor muscular y, en algunas ocasiones, con décimas.

¿Cuánto dura esto?
Pues depende. Tanto pueden ser horas como días.
Estos días, por ejemplo, no me he permitido la desconexión que hubiese necesitado y, a pesar de haber recuperado algo de fuerzas, sigo arrastrando las consecuencias del día 2.
La consecuencia de «no hacerme caso» será una caída más grande cuando mi capacidad para “seguir como si no pasara nada” se agote.
Estas son las cosas que estoy trabajando para aprender a detectar y regular los estímulos que puedo soportar; siempre que esté en mis manos hacerlo, claro. 

En resumen: toda la visibilidad que se dio tiene un desgaste invisible muy grande.  Pero mereció la pena, sin duda.

SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Soy consciente de que para los medios de comunicación, y la sociedad en general, es más fácil seguir con eso de que “lo que no se ve, no existe”. Suficientes cosas hay visibles como para andar dando visibilidad a lo invisible (ironía o sarcasmo, no lo sé).

Estuve conteniendo el impulso de informar a los medios de comunicación del vídeo que habíamos hecho, con toda nuestra ilusión por cierto; porque sabía que eso significaría frustración y en mi previsión de desgaste emocional no podría permitirme más emociones. 

Pero una vez más salió mi “yo impulsiva” y empecé a mandar el vídeo a todos los medios de comunicación que se me ocurrieron  (prensa, grupos audiovisuales, TV, radio…) por correo electrónico, a través de formularios, por redes sociales…. Lo mandé incluso a algún “famoso” que va de defensor de “causas”.
Tenía clarísimo que ningún medio iba a valorar nuestro mensaje, pero necesitaba comprobarlo para poder confirmar, una vez más, mi hipótesis de que los medios se mueven por el “morbo” y algo tan invisible no “vende” señores. Esta es mi opinión. Ojalá me equivoque y tenga que pedir disculpas. Pero lo que interpreto es que lo que llevamos tantas personas en silencio, por dentro, no interesa. A pesar de las graves consecuencias que pueda conllevar.
Evidentemente no recibí ni una respuesta de nadie. NADA.
Sé que deben recibir cientos de correos cada día, pero digo yo que alguien los abrirá y los leerá. Así que me parece de mala educación no dar ni una mísera respuesta.
Sea dicho de paso, me acordé de eso de que “si no tienes contactos, no eres nadie”. Estamos apañados, amigos. 

A pesar de que todo lo que he comentado pueda parecer algo negativo, mi intención ha sido sólo la de mostrar la parte que quizás no se vio ese día, pero que está presente.  

En mi opinión fue un día magnífico en el que nos pudimos expresar, se nos escuchó y llegamos a muchas más personas de las que podría haber esperado.
Deseo que esto sea lo que ha quedado, y debe permanecer, en nuestro recuerdo del 2 de abril de 2021 

Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo