La cabalgata de Reyes

La cabalgata de Reyes siempre había sido un evento que me generaba sentimientos encontrados.
Por un lado, estaba muy ilusionada porque sabía que el día siguiente recibiría regalos (sí, llamadme materialista) y, a la vez, me agobiaba la gincana de casas e interacciones sociales a tutiplén que me tocaría soportar el día de Reyes. Pero parece que los regalos bien se merecían la resaca del día siguiente.

La cabalgata de Reyes era, y es, un evento agobiante, para mí, por varios factores: 

  • Aglomeraciones. 
  • Esperas eternas. 
  • Gente colándose y haciendo todo tipo de injusticias que me enervan. 
  • Ruido (ojo, la música sí que me gusta, me refiero a ruidos más tipo pirotecnia).

En resumen: la cabalgata era la suma de muchos estímulos y poca anticipación. Mal, todo mal (como diría mi amiga Bea).
Además, es curioso que, con lo mucho que lo analizo todo, eso me lo creyera con tanta facilidad.
Debía ser inocencia en estado puro. Esa ingenuidad que me acompaña. 

En Barcelona se celebran varias cabalgatas: la principal, que recorre gran parte de la ciudad y otras más pequeñitas en los barrios. ¿A cuál iba yo? a la grande y multitudinaria, faltaría más (con tono irónico). 

Iba con mi abuela y mi madre al Parc de la Ciutadella, justo donde empezaba la cabalgata y mi abuela siempre lograba que nos dejaran entrar para estar en la puerta justo donde empezaba y allí no había casi gente. Eso sí que era una maravilla.
Creo que a ellas tampoco les gustaban nada esos mogollones de gente. 

Un año me propusieron ir en una carroza de la cabalgata. Me gustó tanto la experiencia que me hice voluntaria para ir cada año. Uno en una carroza, otros de paje (es que “paja” suena fatal, ¿no?)  andando. 

Os voy a contar el porqué creo que me “gustaba” ir a la cabalgata en esa modalidad:
– Estaba en el evento que tocaba ese día (la opción de quedarme en casa no era socialmente válida).
– No tenía que estar entre la multitud de personas.
– Lo tenía todo perfectamente anticipado (horarios, sitio donde estaría yo y qué personas).
– De alguna manera, me sentía “parte de algo”. 
– Era bonito ver, con la distancia que me daba seguridad, a tantos niños (y adultos también). 

Paréntesis: creo que fui la última niña de mi clase en saber quiénes son los Reyes. Defendía lo que me habían dicho siempre, a capa y espada e ignoraba todo lo que me pudieran decir los demás. Yo a lo mío. 

Con mis hijos siempre intenté ir a cabalgatas más pequeñas y lo superé con nota 😉 

Espero que seáis muy felices. 

cabalgata de reyes