Recuerdo en el comedor del colegio. Literalidad

Cuando tuve que recordar cosas de mi infancia y el colegio, durante el diagnóstico, hubo un recuerdo que hizo que se parara mi mundo un momento. Uno de tantos “clics” de los que fui teniendo durante esas semanas. 

Hace unos días, mientras escribía sobre mi infancia y el colegio, recordé algo que ocurrió en el comedor del colegio en primero o segundo de primaria (para entonces EGB) y en ese momento no quise compartirlo. 

Creo que no me solía quedar a comer cada día, no lo recuerdo bien. Un monitor dijo en voz alta que nadie iba al baño hasta que terminara de comer.
Yo necesitaba ir al baño pero fueron tan claras esas instrucciones, o esas “normas”, que simplemente ocurrió. En silencio, sin decir nada a nadie. Fue humillante y me sentí mal por no haber sido capaz de aguantar.   

Recuerdo la cara de asombro de los monitores del comedor cuando se dieron cuenta y me preguntaron por qué no había dicho que necesitaba ir al baño. Les contesté que no dije nada porque habían dicho que nadie iba al baño hasta terminar de comer y que, claro, yo no había terminado. 
Me cambiaron de ropa y, que yo recuerde, nunca más se habló de este tema. En casa tampoco. 

Mientras me cambiaba de ropa, me repetían una y otra vez que tendría que haberlo dicho y que la próxima vez, fuera al baño. Recuerdo una sensación de confusión total con órdenes contradictorias. 

Supongo que así es como vas aprendiendo cuando vas sin hoja de ruta y nadie te enseña el camino.

No explico esto para dar lástima ni como crítica a nadie. Explico esto para visualizar esa invisibilidad de la que tanto hablo.
Soy consciente de que no debe ser fácil detectar lo indetectable cuando hay mucho camuflaje. Sólo quería compartir una de estas cosas que en su día pasaron desapercibidas. 

Y hasta aquí una pequeña reflexión sobre algunas señales de… ¿literalidad?

Recuerdos colegio y literalidad autista

Reflexiones 6 meses después del diagnóstico de TEA-1 ¿Y ahora qué?

Han pasado 6 meses desde mi diagnóstico de TEA-1 (Trastorno, aunque prefiero decir Condición, del Espectro Autista Nivel 1). Un tiempo en que he aprendido algunas cosas sobre el espectro autista y sobre mí como persona. 

Durante estos meses he vivido, y sigo viviendo, un proceso de duelo intenso que poco a poco se va disipando para dejar paso a una nueva etapa de descubrimiento y reafirmación de “mi yo”. 

Siempre hablo del alivio con el que he recibido el diagnóstico, lo sé. Pero una cosa es el alivio por saber lo que te pasa y otra es asimilar lo que te han dicho. 
Ahora sé que tengo la condición de autista como una parte de mí. Puedo decir que lo entiendo, lo asimilo y hasta lo abrazo. Hasta aquí bien. Pero… ¿Y ahora qué? ¿Ahora qué pasará? 

En mi caso me siento muy afortunada por estar muy bien acompañada con Judith, de Associació Asperger Catalunya (donde hice el diagnóstico), que me está ayudando a poner paz y orden en todo este caos que tengo en mi cabezota. 
Pero hoy me apetece contar alguna reflexión sobre las situaciones en las que me he encontrado y cómo voy gestionando estas preguntas que me han ido surgiendo. 

Por un lado, al explicarlo, me he encontrado con varias reacciones en mi entorno como, por ejemplo: 

1- Quienes lo han ignorado quizás porque no han notado nada diferente y simplemente no le han dado importancia o bien porque han preferido olvidar esta información.

2- Quienes han querido saber más y, en la mayoría de los casos, me han dicho que ahora entienden muchas cosas, muchas reacciones mías que no entendían y están contentos.

3- Quienes han preguntado cómo estoy y si necesito algo por su parte. Normalmente suelen ser los del punto anterior y en ningún caso los del primer punto. 

4- Quienes han pensado que es una “tontería de esas mías” y… esos simplemente ya no están. ¡Y menos mal! 

También me he encontrado con el comentario tipo bueno, eres adulta, ya sabes de qué va la vida y te desenvuelves bien *(podría ser una versión extendida del “no lo pareces”) y dan por hecho que todo va a seguir igual, porque en realidad nada ha cambiado. Estos suelen ser los del punto 1 y 4 .
Y cuando encima me lo dice alguien en tono de “verdad verdadera y única” (estos son exclusivamente el punto 4) pienso algo así como: sí, claro (que sí, guapi), llevo 40 años viviendo la inclusión en vena y sin dosificar, volviéndome loca por encontrar mi lugar, por entenderme a mí, a ti y a todos. Y he llegado hasta aquí para quedarme con los brazos cruzados.
Cuando acabo de pensar todo esto, digo “sí” y sonrío al estilo Miércoles Adams. 

* ¡Ojo! Hay que ubicar bien esta frase, ya que yo misma y todos la podemos decir en algún momento dado, pero es en un contexto concreto en que te hacen sentir mal.

Es cierto que he ido adquiriendo herramientas para sobrevivir, claro, pero lo que necesito ahora es saber quién soy y necesito herramientas para vivir de una manera más sana.
Si he hecho todo este proceso es para que las cosas cambien, para estar mejor, para ser más feliz. No para seguir igual. Ni hablar. 

Como iba diciendo quiero saber, o mejor dicho, descubrir “quién soy”. Porque en mi caso, una de las cosas que más me angustiaron durante el diagnóstico, fue el darme cuenta de ese enmascaramiento o camuflaje que tanto he usado y me hacía (y hago) la pregunta una y otra vez de “¿Cómo soy en realidad?” o “¿Cuál es mi yo de verdad?”.
Quizás también puede ser que esté un poco aturdida por el exceso de información que he ido procesando en tan poco tiempo y según vaya ordenando cosas, iré encontrándome.   

De momento, una de las cosas que que sí puedo decir sobre el  “¿Y ahora qué?” es que para los adultos lo que hay en cuanto a terapias y acompañamiento en general, más allá de la terapia psicológica, es un DESIERTO. Y no hablo sólo del acompañamiento desde la Sanidad Pública con los escasos recursos que tienen (supongo… supongo…. supongo…). Sino de lo mucho que cuesta encontrar especialistas, por ejemplo, en integración sensorial para adultos. ¿Acaso dejamos de necesitarla?

Una vez más, insisto: la atención temprana y la estimulación precoz en niños son tan necesarias como la atención y el acompañamiento en adultos.

mujer y asperger

Dar visibilidad al autismo

Normalizar es visibilizar diferentes maneras de sentir y vivir una misma realidad

Opino que normalizar no significa invisibilizar, tanto por parte de quien se siente diferente como por quienes no ven las capacidades en la diversidad.

Y lo escribo yo, la misma que he sido la primera en invisibilizar, enmascarar, tapar u ocultar mi manera diferente de ver y sentir las cosas durante tantos años como modo de supervivencia. 

Creo que normalizar es dar visibilidad a una condición, como puede ser el autismo, siendo uno mismo, con naturalidad.
Supongo que se trata de ser, aceptar(se) y respetar(se). Casi nada…

Llanto sin motivo aparente

Llanto sin motivo en el espectro autista

A veces siento muchas ganas de llorar sin motivo aparente. Y normalmente viene de golpe; sin avisar.
Cuando estoy cansada y con dolor de cabeza, ya sé que el motivo es una de mis explosiones (colapso, derrumbe emocional, shutdown,..).
Pero de lo que hablo aquí es de una sensación de llanto que aparece en momentos más bien inesperados.  

De repente me siento inmensamente triste y con ganas de llorar desconsoladamente. Y lo curioso es que no siempre consigo llorar. Muchas veces es como algo que se me queda dentro, en forma de angustia, y no lo puedo sacar ni viendo la película más dramática del mundo. Entro en modo triste-bloqueo.

Le doy mil vueltas, entro en bucle una y otra vez, y no soy capaz de saber por qué estoy llorando o por qué tengo ganas de llorar.
Es más, algunas veces llego a la conclusión de que precisamente estoy en un buen momento de mi vida  y no debería tener motivos para estar triste. Entonces todavía lo entiendo menos y así voy alimentando el caos en mi cabeza. 

Contarlo o no contarlo

Hasta hace relativamente poco no me gustaba contarlo porque es un poco raro y difícil comunicar “tengo ganas de llorar y no sé por qué” sin que la otra persona se sienta “obligada” a hacer algo para que estés mejor. .

Ahora sé a quién se lo puedo (o debo) contar y a quién no. Y esto no significa que sean mejores o peores amigos. Simplemente sé a quién se lo puedo contar y va a respetar mi tiempo y mi espacio o quien no va a poder evitar querer estar “ahí” con buena intención pero de una manera demasiado intrusiva para mi. 

Así que si un día te digo “tengo ganas de llorar y no sé el porqué” o me encuentras inmersa en un llanto sin motivo aparente, simplemente dame mi tiempo y mi espacio. Si necesito que me ayudes a encontrar el motivo o la solución, te lo diré.  ¡Gracias! 

(En el minuto 00:40 empieza una de mis partes favoritas y en el minuto 1:11  empiezo a levitar y hacerme llegar a un «meltdown»)

Reflexión sobre mi diagnóstico

Reflexión sobre mi diagnóstico de autismo

Haciendo una reflexión sobre mi diagnóstico de autismo, pienso que algunas personas me ven tan aliviada y «contenta» por tener tantas respuestas, que dan por supuesto que el diagnóstico es como una pastillita que ¡Zas! hace que de un día para otro seas feliz y se te pase todo esto que llevas dentro. 

Por suerte, otras personas hacen la gran pregunta «¿Y ahora qué?»
Pues ahora toca TRABAJAR como nunca en MÍ para poder empezar a convivir, entre otras cosas, con un NOSOTROS sano.

Como puse en la imagen, obtener el diagnóstico de autismo no hace desaparecer por arte de magia lo que me ha llevado a él.
El diagnóstico es el punto de partida para tomar conciencia, conocerme, entenderme y encontrar la manera de ser feliz con mi «versión más real».

Más información sobre mi diagnóstico aquí.

Soñadora y dispersa ¡Presente!

Soy una mujer soñadora y dispersa.
Suelo perderme en mis pensamientos.
Pero muchas veces siento que estoy más presente que la mayoría de personas neurotípicas (no autistas); viendo las cosas como son, sin dobles sentidos, sin querer aparentar lo que no soy ni tengo.

Bienvenido 2021

Todo lo que puedo decir para este próximo año es que voy a ser yo misma como nunca lo he sido antes. 

Sin nada más que añadir.

Gracias de nuevo por acompañarme en este camino emocionante.

bienvenido 2021

Balance del año 2020

Hoy toca despedir un año que jamás hubiera imaginado. Un año que, por desgracia, se ha llevado a muchas personas de una manera cruel e injusta. Con una soledad que nadie podría imaginar ni desear.. 

Quien todavía tenía dudas, ha confirmado que el futuro es posible gracias a todos los que trabajan por vocación, por ejemplo, con una bata blanca salvando vidas e investigando, y no gracias a los que se esconden detrás de una cartera llena de mentiras y dinero. 

Algunos también nos hemos decepcionado tras creer que toda esta situación iba a revertir en que esta sociedad un tanto superficial, egoísta e irresponsable; saliera de esto siendo un poco mejor.   

A nivel personal tengo que decir, dejando a un lado los momentos duros que hemos vivido con la pandemia y mi situación laboral actual algo incierta, que ha sido un buen año, SÍ. 

Tras un 2019 duro, muy duro, por asuntos laborales y encontrándome en un momento de cansancio extremo en mi búsqueda de respuestas, llegó el año 2020 de una manera serena en el que estaba preparada para dedicarme a mí y a encontrar estas respuestas que tanto necesitaba. 

Este año he descubierto algo tan grande como saber que SOY AUTISTA que lo que me dolía tanto por dentro se llama AUTISMO y su invisibilidad es lo que más me dolía.
Que ser diferente a la mayoría de personas no es ni bueno ni malo, es simplemente DIFERENTE. Y que quien no acepte la diferencia se excluirá él sólo de mi camino.  

Este año ha marcado un antes y un después en mi vida. ¿Os podéis imaginar vivir 41 años navegando con una hoja de ruta escrita en un idioma que no entiendes y que un día alguien te ayude a traducirla? ¡Para empezar a entender lo que te rodea y entenderte a ti misma!

GRACIAS 2020 por darme tanto. Siempre recordaré este año como el año en que empecé a vivir de verdad.  

Ahora respiro hondo y empiezo a redactar los propósitos para el año que empieza esta noche. Serán pocos pero gigantes. 

Buscando aceptación desde el segundo plano

Hablando sobre cómo era de niña, durante el proceso de diagnóstico de autismo, me di cuenta de algo que me hizo sentir frágil: mi funcionamiento por patrones en búsqueda de aceptación.
Sentí como si la fortaleza que había ido construyendo a lo largo de tantos años se desmoronara como un castillo de naipes con un soplo de viento casi imperceptible. 

Cuando intento recordar cómo era de niña, como ya he contado aquí, era más bien tímida, introvertida, educada y muy observadora. Y es que si algo me caracteriza a lo largo de mi vida es el hecho de sentirme como una espectadora en la mayoría de las situaciones. 

No reprocho a nadie que me dejara de lado, ya que seguramente yo misma me arrinconaba. No sabía hacerlo mejor. Necesitaba hacer algo tan simple como observar y aprender.  ¿Aprender qué? Pues aprender a imitar, a actuar… ¿Quizás a ser como los demás? Necesitaba encontrar un sitio donde me sintiera cómoda y menos insegura.
Lamentablemente no encontré nada mejor que un segundo plano, una fila de atrás, una butaca de segunda.

Creo que recuerdo la primera vez en que creí ser feliz por ser aceptada y… ¡Hasta protagonista!
Estaba en casa de unos familiares a los que solía visitar con muy poca frecuencia. Me dejaron allí para que jugara con otros niños y empecé a hacer el “payaso”. Cuando me vinieron a buscar, los niños dijeron con mucha euforia lo bien que lo habían pasado y que yo era muy divertida. Recuerdo perfectamente el felicitarme yo a mí misma por lo bien que lo había hecho (objetivo logrado). Desde entonces cogí este rol en muchas situaciones. Y aun ahora creo que me resulta más fácil hacer el tonto que tener una conversación convencional. 

¡Ojo! Me gusta hacer lo que muchos consideran “tonterías”, pero a lo que me refiero más arriba es al momento en que esto se convierte en una herramienta para socializar, incluso para lograr un protagonismo efímero.
A mí las tonterías me apetece hacerlas por placer (y muchas), no como vía de escape

En fin, todo esto lo explico para concluir que he tardado muchos años en entender que la vida no es lo que los demás esperan de mí, o que no se trata de ser aceptada sino de ser feliz. Y que la única aceptación que realmente necesitaba era la mía propia. 

Literalidad para todos

Sigo con mis reflexiones…

Creo que algunas personas (¿quizás a todas?) serían más felices si vivieran con más literalidad y menos imaginación no productiva.

Insisto en lo importante que es saber ver capacidades, y no discapacidades, en la diversidad.
Olvidarnos de las etiquetas, de los prejuicios y de los tópicos (#neurotópicos).

Ser capaces de entender que siempre siempre siempre podemos aprender de, y con, otras personas, con o sin discapacidad, es lo que nos falta para empezar a convivir y dejar de hablar de inclusión.