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Cuando hablamos de autismo, TDAH, TOC, dislexia, altas capacidades u otras formas de funcionamiento neurológico, es muy habitual que aparezcan dos conceptos que a menudo se confunden: neurodiversidad y neurodivergencia.
Aunque están relacionados, no significan lo mismo. Y entender la diferencia es clave para hablar con más precisión, respeto y conciencia.

Por cierto, yo misma estuve un tiempo que me hacía un lío monumental con estos conceptos. Hasta el punto de que, gracias a esta confusión, me inventé el término “neurodivina”. Estaba con unos amigos comiendo e intentando entender si yo era “neurodiversa” o “neurodivergente”, me puse nerviosa y dije eso de “ay mira, yo qué sé, yo soy neurodivina (y punto)”.  Y tan ancha que me quedé.  


Qué es la neurodiversidad

La neurodiversidad parte de una idea sencilla pero profundamente transformadora: todos los cerebros son diferentes.
No existe una única forma correcta de pensar, sentir, aprender o comunicarse. La neurodiversidad reconoce que esa variedad de funcionamientos neurológicos es una característica natural de la humanidad, del mismo modo que lo son la diversidad cultural, corporal o lingüística.

Desde esta perspectiva, la diferencia no es un problema que deba corregirse, sino una realidad que debe ser comprendida y respetada.

Dicho de otro modo: todas las personas que habitamos el mundo somos neurodiversas, porque no hay dos cerebros iguales.


Qué es la neurodivergencis

El término neurodivergencia se utiliza para referirse a las personas cuyo funcionamiento neurológico se aleja de lo considerado “típico” o estadísticamente esperado por la sociedad.

Las personas autistas, con TDAH, TOC, dislexia, altas capacidades, entre otras, solemos englobarnos bajo el término neurodivergentes.

Ser neurodivergente no significa estar “mal”, “defectuosa” o “incompleta”. Significa, simplemente, pertenecer a una minoría neurológica dentro de lesta neurodiversidad es parte natural de la humanidad.


¿Y quiénes son las personas neurotípicas?

Las personas neurotípicas son aquellas cuyo funcionamiento neurológico encaja dentro de lo que social y estadísticamente se considera esperable o normativo.

Esto no las hace mejores ni peores. Simplemente, su manera de procesar el mundo coincide con la que las estructuras sociales, educativas y laborales suelen dar por sentada.


Resumiendo

  • Neurodiversidad: somos todas las personas. La diversidad de cerebros que existe en el mundo.

  • Neurodivergencia: personas cuyo funcionamiento neurológico se sale de lo considerado típico.

  • Neurotípicas: personas que encajan dentro de esa norma estadística.

Entender esta diferencia ayuda a dejar de hablar de “normalidad” y empezar a hablar de diversidad, de derechos, de apoyos y de entornos que no expulsen a quienes funcionan de otra manera.

Porque la diferencia no está en las personas, sino en un sistema que aún no sabe convivir con toda la diversidad que existe.

Y sí: algunas personas  somos neurodivinas. Y punto 😉 


Si te apetece compartir tu reflexión o experiencia, te leo en comentarios.

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