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Cómo ha sido mi experiencia en el entorno laboral y cómo podría haber sido diferente.

Misma persona. Diferente entorno. Otros resultados.

Cuando hablamos de autismo en el trabajo, muchas veces se pone el foco en la persona: en cómo debe adaptarse, encajar o mejorar. Pero rara vez se habla del entorno laboral y del peso que tiene en todo esto.

No se trata de adaptarnos nosotros. Se trata de construir entornos para todas las personas.


A continuación comparto algunos recuerdos de mi experiencia —sobre todo en grandes empresas— y reflexiones sobre cómo podría haber sido diferente:

“Ser la rarita por ir al trabajo… a trabajar.”
Ojalá alguien me hubiera explicado el peso que tiene la socialización en el entorno laboral.

“Que me vieran como una estirada por no ir al office a comer.”
El exceso de estímulos sensoriales —olores, ruido, bullicio— hacía inviable estar allí.

“No saber cómo mostrar todo lo que podía aportar.”
Muchas veces, eso también formaba parte de la socialización… y de saber moverse en lo no escrito.

“Tener que adaptarme a una forma de comunicación que no era la mía.”
Dobles sentidos, leer entre líneas, códigos implícitos… y la falta de instrucciones claras, concretas y, a ser posible, por escrito.

“No darme cuenta de si querían ayudarme… o aprovecharse.”
Necesitaba herramientas para detectar ciertas actitudes, marcar límites y protegerme.

“Tragarme la frustración por quedarme bloqueada ante los conflictos.”
Habría necesitado herramientas para gestionar este tipo de situaciones, además de interlocutores claros y canales de comunicación seguros.

“Enfermar por intentar adaptarme a ritmos y formas de trabajo imposibles para mí.”
Quizá me habría ayudado contar con más flexibilidad horaria, la opción de teletrabajar algunos días, instrucciones claras, comunicación por escrito, previsibilidad y menos estímulos (ruido, luces, interrupciones…) en mi puesto de trabajo.


Pretender que la persona autista sea la que se adapte a todo, ignorando sus necesidades y características, no solo es injusto. Es absurdo, porque así no podrá desempeñar su trabajo ni desarrollar su potencial.

Por esto siempre insisto en que… El problema no es la persona. Es el entorno.

En el autismo, como en tantos otros ámbitos, el entorno laboral marca la diferencia. No porque determine quién eres, sino porque condiciona qué puedes mostrar, cómo puedes trabajar y hasta dónde puedes llegar sin romperte por el camino.

Un mismo perfil profesional puede pasar de estar bloqueado, infravalorado o incluso enfermar en un entorno que no entiende sus necesidades… a desenvolverse con seguridad, aportar valor y crecer en un entorno que sí ofrece estructura, claridad y respeto.

No estamos hablando de privilegios ni de excepciones. Estamos hablando de condiciones básicas: comunicación comprensible, instrucciones claras, cierta previsibilidad, espacios que no saturen y relaciones laborales donde no todo dependa de interpretar lo implícito.

Cuando eso falta, no es solo que el trabajo cueste más. Es que deja de ser sostenible.

Por eso, seguir poniendo el foco únicamente en la adaptación individual no solo es injusto, es ineficaz. Porque no resuelve el problema de fondo.

El entorno no es un detalle. Es la diferencia entre poder trabajar… o no poder hacerlo.

 

Es importante que dejemos de hablar de “los unos” y “los otros”. Y empecemos a hablar de un “nosotros” en el que nadie quede fuera.

También hace falta menos paternalismo y más reconocimiento de las diferentes capacidades.


Y, por otro lado —no menos importante—, poco se habla del trabajo de las personas cuidadoras.

Un trabajo sin reconocimiento, sin descanso, sin remuneración… y sin derechos.

Los cuidados no se pagan con amor. Y las personas cuidadoras no son robots con energía infinita.


En mi experiencia personal, esto es lo que me ha costado (y lo que habría necesitado) para poder trabajar y desarrollar mi potencial en un entorno laboral que no siempre estaba pensado para personas autistas:

Lo que no me va bien:

  • Comunicación implícita
  • Instrucciones poco claras
  • Falta de previsibilidad y organización
  • Ruido  y distracciones
  • Interrupciones
  • Ritmos imposibles y exigencias constantes
  • Falta de herramientas y apoyos

Lo que sí me iría bien:

  • Previsibilidad y organización
  • Comunicación clara y por escrito
  • Flexibilidad horaria y posibilidad de teletrabajo
  • Menos estímulos, más concentración
  • Herramientas, apoyos y confianza
  • Respeto, escucha y valoración

No es cuestión de adaptarnos sin más, sino de crear entornos que tengan en cuenta a todas las personas.

Trabajar no es un privilegio de algunos, es un derecho de todos.

 

Si quieres saber más, en mis libros explico mi experiencia laboral en diferentes empresas y el día a día de una mujer autista. 

Te dejo este resumen visual por si lo quieres guardar: 

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