Skip to content Skip to footer

Ese universo caótico lleno de indirectas, silencios estratégicos, tiempos calculados y normas que nadie te explica, pero que se supone que debes conocer.: el flirteo.

Dicen que ligar es emocionante. Que tiene chispa. Que es divertido.

Pero cuando el código está lleno de ambigüedades y estrategias, para algunas personas, especialmente para muchas mujeres autistas y personas neurodivergentes, no es emocionante. Es confuso. Y, muchas veces, agotador.

Pequeña aclaración sobre “ligar”

Hablo de flirteo porque cuando se habla de “ligar” me imagino a alguien atando algo o a otra persona con una cuerda.
Y cuando se habla de “tirar la caña” o “tirar los trastos”… os podéis imaginar hacia dónde se va mi cabeza.

Mi cerebro literal no descansa.

Pero más allá de la anécdota, hay algo importante: el lenguaje ya nos da pistas de lo simbólico y lo implícito que es este terreno.

Ligar al estilo neurotípico

El estilo neurotípico de ligar suele basarse en:

– No decir exactamente lo que sientes.
– Contestar tarde para parecer interesante.
– Fingir desinterés cuando en realidad te mueres de ganas.
– Medir todo lo que escribes, dices y haces.
– Contener tu espontaneidad.

Para muchas personas todo esto  forma parte del juego del flirteo. Para mí, no.
Ligar al estilo neurotípico, para mí, no es emocionante. Es confuso.

Yo no he venido a esta vida a descifrar enigmas emocionales

Si me gustas, me gustas.
Si quiero verte, te lo digo.
Si no entiendo algo, pregunto.

Desde hace un tiempo, lo tengo claro: yo no he venido a esta vida a descifrar enigmas emocionales.

Cuando alguien decide tardar horas en responder como parte del “juego”, cuando expresar interés parece restar atractivo, cuando la comunicación directa se interpreta como intensidad… lo que me aparece no es emoción. Es ansiedad (y en grandes cantidades).

Porque cuando necesitas coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, la ambigüedad no genera misterio. Genera inseguridad y no precisamente por arte de magia sino por arte de tanta interacción poco predecible.

La claridad no es aburrida

“Es que si lo haces así, pierde la magia”.
Pues mejor. Si quiero ver magia, ya buscaré un buen mago 😉 

A mí no me aburre la claridad. Lo que me aburre, y mucho, es la ambigüedad.
En mi caso, y la de muchas personas autistas, en las relaciones la comunicación directa no quita chispa. Lo que quita es ansiedad.

Cuando puedo relajarme y ser yo, cuando no tengo que interpretar señales contradictorias, es cuando aparece la chispa de verdad.

Y es que… ¡No hay nada más atractivo que la claridad, la planificación y la previsibilidad!

Cuando no entiendes el código social

Con los años te cansas de intentarlo.

Porque no entender lo que está pasando, no interpretar bien las intenciones de los demás, querer encajar a toda costa y no saber cuándo ni cómo poner límites… puede llevarte a tolerar dinámicas que no te hacen bien.

(Sobre)vivir intentando traducir un idioma lleno de normas invisibles es agotador.

No es una cuestión de ingenuidad.
Es una cuestión de estar navegando un sistema de comunicación que no siempre está diseñado para ti.

Y viva el amor

Porque esto no es un rechazo al amor. Es una reflexión sobre cómo nos comunicamos cuando intentamos conectar.

Y sí, viva el amor, oiga.
Pero, si puede ser, el que no requiere manual de instrucciones.

Deja un comentario

20 + dieciseis =

Go to Top
E-mail
Password
Confirm Password