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“Son cosas de niños”

Creo que no soy la única persona que está harta de esta frase de mierder.

Porque la realidad es otra muy diferente.
No, no son cosas de niños. Es acoso escolar.

Y antes de meterme en el tema que hoy me ocupa, quiero remarcar algo —sobre todo teniendo en cuenta algunos acontecimientos recientes que hemos visto en los medios de comunicación—:y es que  el autismo no convierte a nadie en violento.

Hay una idea que sigue apareciendo una y otra vez: asociar autismo con conductas problemáticas o incluso violentas. Y no. Insisto en que el autismo no convierte a nadie en violento.

Lo que sí ocurre, con demasiada frecuencia, es justo lo contrario.

La realidad: el alumnado autista sufre más acoso

Los datos son claros.

Estudios internacionales señalan que hasta un 80% del alumnado autista puede haber sufrido acoso escolar.

No estamos hablando de casos aislados. Estamos hablando de una realidad estructural, de patrones que se repiten con demasiada frecuencia.

El problema no es infantil: es una responsabilidad de las personas adultas

Reducir el acoso a “cosas de niños” no solo es incorrecto sino que es peligroso. Porque desplaza la responsabilidad.

El acoso escolar no es un juego. No es una etapa. No es algo que “pasa y ya está”.

Es una situación que hay que:

  • Prevenir
  • Detectar
  • Y, si ocurre, frenar

Y eso es responsabilidad de las personas adultas.

La educación contra el acoso empieza en casa (y continúa en el colegio)

La prevención no empieza cuando aparece el problema. Empieza mucho antes.

Empieza en casa, en cómo educamos. Y continúa en el colegio, en cómo se construyen los entornos.

Porque el acoso no surge de la nada. Aparece y se sostiene en lo que se permite, se ignora o se minimiza.

Cuando la víctima tiene que irse, el sistema ha fallado

Hay situaciones que dejan muy claro qué está ocurriendo.

Cuando un centro educativo permite que sea la víctima quien tenga que cambiarse de colegio o abandonar el entorno… no solo está fallando. Está tomando partido y se está poniendo del lado contrario.

Porque no solo protege al agresor, sino que además lanza un mensaje muy claro al resto del alumnado: “esto puede pasar… y no habrá consecuencias”.

Los protocolos no son opcionales

Y ahora aparece otro de esos comentarios que a mí, prsonalmente, se me caería la cara de la vergüenza si salieran de mi boca (cosa que espero que no pase jamás):
Decir que “se han aplicado los protocolos pero no ha sido suficiente”. Que dede clarito que este tipo de miercomentario no es una excusa.

Y no activarlos es una irresponsabilidad muy grave (por no escribir cosas que incluyan ciertas palabras malsonantes).

Las consecuencias pueden ser letales. Sí, no hace falta echar la mirada muy atrás para recordar algunos nombres de niños y niñas que decidieron irse de este mundo por no soportar ni un minuto más el infirno que estaban viviendo. Y sí, lo habñian comunicado y no, no les creyeron o “simplemente” no les dieron importancia porque… claro, “eran cosas de niños”. 

Mirar hacia otro lado también es participar

El acoso no solo implica a quien lo ejerce. También implica a quien lo presencia.

Porque presenciar una agresión y no hacer nada te convierte en cómplice.

Y no, no se trata de enfrentarse al agresor sino de algo a priori mucho más básico:

  • Apoyar a la víctima
  • Y buscar ayuda

Esto nos implica a todas las personas

El acoso escolar no es cosa de niños. Y sí es responsabilidad de todas las personas:
– De las familias.
– Del profesorado.
– De los centros educativos.
– Del sistema.

Porque el problema no es solo el acoso en sí. El problema es todo lo que lo permite.

Necesitamos entornos donde todas las personas puedan ser y estar.

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