Alimentación en el espectro

Hay muchos libros sobre dietas saludables. Yo podría escribir uno con mis manías y mi dieta “curiosa”. Y es que mis analíticas “perfectas” son un milagro. Por favor, que nadie tome esto como un ejemplo a seguir; es sólo mi experiencia con mi dieta fatal. 

Cuando me preguntan “¿Tienes alguna manía?” la respuesta es “¿En serio quieres que te las diga todas? Mejor dime en qué estabas pensando y te contesto sí o no”. 

Voy a enumerar algunas de las cosas que me vienen a la cabeza:

  • Bebida: a parte de que no soporto compartir una botella (me da tanto asco que antes muero deshidratada), no bebo nada con gas porque “pica”. Esto igual tiene que ver con la hipersensibilidad. No puedo, me pica en la lengua y… sí, creo que “muevo” las manos, sacudo la cabeza cual escalofrío y, si puedo, salto. No bebo infusiones tampoco.
  • Agua fría y sopa quemando. Vivan los extremos.
  • No me gusta el sabor amargo, ni el ácido ni el picante. Me vienen escalofríos de pensarlo. Aunque el picante hay días que lo tolero. Depende de mi nivel de ansiedad supongo.
  • No me gustan los cereales ni las galletas mojadas con leche o con lo sea. Las papillas de cereales de mis hijos eran una tortura.  No olvido ese olor.
  • Vinagre: no me gusta nada. Y el olor me recuerda a una niña de la escuela que sus padres se lo ponían en la cabeza y me pasaba el día oliendo el vinagre.  Tengo esa imagen y olor congelados en mis recuerdos.
  • No como fruta (¡¡fatal!! lo sé).  El melocotón en concreto no puedo con él (pero me encanta su tacto). Ese olor… se me quita hasta el hambre. Tengo recuerdos en el colegio pasando horas sentada frente a un melocotón, sola en el comedor. Era incapaz de comérmelo y también incapaz de esconderlo porque era y soy así de boba y obediente. Al final no me lo comía porque empezaba la clase y tiraban la toalla 😉
  • Verdura cocinada de la manera que sea. Cruda, no. Ensaladas, no. Tomates si, en todas sus formas. Me chifla.
  • Pescado sin espinas, si. Me encanta crudo (antes de ponerse de moda el sushi, también). Si me encuentro una espina en la boca, dejo de comer. Y no sé quitar las espinas con los cubiertos, soy torpe con las cositas pequeñas. 
  • Carne: poco hecha, cruda si puede ser. Si no se me hace una bola como a los niños.
  • Dulces: no. Pero las pocas cosas que me gustan, cuando me apetecen, puedo estar un día comiendo sólo eso (o sea estas nubes). Y me gusta hacer mezclas tan maravillosas como ir alternando chocolate blanco y patatas fritas (estas me han empezado a gustar de mayorcita, siempre he sido más de cosas tipo «ganchitos»). O hacer un aperitivo con olivas y berberechos acompañado con un Cacaolat (batido de chocolate).
  • Lácteos: no me gustan. Sólo un yogur de una marca en concreto que hace años dejaron de hacer. Flanes es lo único , preferiblemente de una marca.  Si son caseros no me suelen gustar (tengo varias anécdotas por este motivo).
  • El queso sólo me gusta fundido. Incluso si está frío pero antes ha estado fundido, me lo puedo llegar a comer. 
  • Me encantan las cremas de verdura (sin pimiento,) y las sopas. Podría vivir de sopas. 

Y algunas más que ahora no me vienen a la cabeza.  Pero aunque no os lo creáis…. ¡Me encanta la alta cocina y comer bien! Disfruto mucho mucho mucho. Disfruto tanto que sin darme cuenta aplaudo y emito sonidos. Los últimos años me ha dado por decir «cuidado que voy a empezar a hacer la vaca: mmmmmm» y me río mientras doy rienda suelta a mi momento de explosión sensorial.
De hecho, de niña pasaba de menús infantiles e iba a lo interesante en las cartas de los restaurantes. Eso sí, cuando tengo hambre, me sale un malhumor que muerdo. Pero muerdo en sentido literal. 

Soy poco original con la cocina diaria y así como con los niños me esfuerzo en que lleven una buena alimentación y coman de todo (lo que yo no como también, por supuesto) con horarios muy marcados, conmigo soy un desastre. Cuando estoy sola, puedo estar un día entero comiendo lo mismo y si estoy enganchada con algo que me interesa, como escribir o tocar el piano, puedo olvidarme o comer fuera de hora. 

Me gusta cocinar, pero sin seguir recetas. Me encanta intentar reproducir platos que he comido en algún sitio y experimentar.  

Y reconozco que cuando descubro algo nuevo o lo redescubro tras muchos años sin comerlo, se convierte en “monotema” y puedo llenar la nevera de esta misma cosa…. hasta que me canso. Quizás soy algo caprichosa e impulsiva en este aspecto.
Mis hijos lo saben y nos reímos juntos de mis compras masivas 😉 

alimentación en el espectro autista
alimentación en el espectro autista

AutoExigencia que destruye

Soy exigente conmigo… mucho, muchísimo… hasta el límite de que una vez en la unidad de TDAH, una doctora me preguntó si era muy exigente conmigo misma y le contesté que “si alguien me tratara como me trato yo a mí misma, le denunciaría por malos tratos”.
Ese día lloré. Lloré mucho. Ese día me di cuenta de que había algo que se me escapaba y debía seguir buscando respuestas. Dos años más tarde llegó el diagnóstico (TEA Grado 1) que me está dando todas estas respuestas. 

Soy observadora y tengo tendencia a sobreanalizar. Funciono con patrones (sociales) que voy creando por y para cada situación. Por este motivo a menudo me odio por no haber sabido “actuar mejor” en una situación social, o por haber dicho algo que no tocaba, o por haber reaccionado diferente a como lo tenía planeado, o por no haber podido controlar una palabra, o un gesto o una expresión… Entro en un bucle de rabia y de odio hacia mí misma, mezclado con frustración, que acaba saliendo en forma de ansiedad. 

De tics y estereotipias hablaré más adelante.

Especialista en meterme en jardines sin salida

Si hay algo que se me da verdaderamente bien es meter la pata (mientras lo digo me imagino con botas de agua en un charco de barro) hasta el fondo. Y cuanto más lo intento arreglar, peor. Podría dejar de hablar o cambiar de tema, pero no, lo mío es meterme en un jardín sin salida (y lleno de flores). 

Con el tiempo he aprendido a reconocer en voz alta un “me estoy metiendo en un jardín yo solita” y sería el momento ideal para cambiar de tema; pero no, mi afán de seguir intentando (des)arreglar el desastre no tiene fin.

¿Transparencia, literalidad y rigidez? Un poco más sobre mí.

Voy a intentar hacer un pequeño acercamiento a los conceptos de transparencia, literalidad y rigidez en el espectro autista. Siempre desde mi propia experiencia, claro.

No entiendo el sentido de la mentira más allá de las que pueda decir cuando no me siento con fuerzas para evitar un evento social o quiero evitar cualquier situación que me genera ansiedad (sí, soy altamente evitativa y quizás anticipo demasiado). Aunque diría que ni siquiera es una mentira porque lo que algunos verán como un “no quiero” para mí realmente es un “no puedo”. Porque NO PUEDO.  Ojalá pudiera ir y ojalá pudierais respetarme.

Es cierto que con los años he asimilado la mentira como una herramienta más de socialización. Qué contradictorio, ¿no? Además, se me da fatal.

Sé que más de una vez he tenido malos entendidos porque otras personas han interpretado mi conducta como una mentira e insisto: no. 
Quizás me cuesta darme cuenta de que que no he entendido una indirecta, o no he captado un mensaje entre líneas… y seguramente encima he interpretado de manera literal un doble sentido… ¿Os podéis imaginar a las personas a las que he podido hacer daño sin siquiera darme cuenta? ¿Y os podéis imaginar el dolor de no entender el porqué de unas reacciones?

Muchas personas me definen como una persona transparente, sin filtros; y lo ven como algo «gracioso».  
¿Os digo una cosa? Mi sensación es que a los neurotípicos no os/les gustan las verdades tanto como se dice por ahí.  Queda bien decirlo y cuesta encajarlas. Quizás porque «estamos» acostumbrados a que se nos diga lo que queremos escuchar. En mi cabeza esto es mentir.
Yo, en cambio, necesito que se me digan las verdades con los mínimos rodeos (porque lo más seguro es que me pierda en ellos antes de que llegues al quid de la cuestión).  Si puede ser con cariño, mejor (ya he hablado de los sentimientos que SI que tengo).

Por mi parte, os diré las verdades. Perdonadme si os hago daño en algún momento (o muchas veces, o casi siempre) ya que a veces soy una poco «bruta» diciendo las cosas, pero dudo que lo haga de manera premeditada (entonces sería cinismo, en su doctrina filosófica de la Antigua Grecia, del que hablaré largo y tendido más adelante).
En resumen: El continente del mensaje igual no os gusta, pero el contenido será honesto y sin maldad.

¿Soy rígida? Con las cosas que me interesan, mucho. Me alteran los cambios repentinos (sí, como diría mucha gente «se me va») y las normas están para cumplirse.
No soporto la injusticia ni el incumplimiento de las normas si esto afecta de manera negativa a otras personas, seres vivos o cosas. No tolero que se vulneren los derechos de los demás. No entiendo y (sí) condeno a quien permite que sucedan estas cosas sin hacer nada para evitarlo. No me entra en la cabeza y agradezco infinitamente ser así. Esta parte de mí espero que no cambie nunca.
Suelen decirme que no debería tomarme las cosas tan «a pecho» (entonces me pongo la mano en la parte alta del pecho de manera inconsciente)  y en ese momento pienso: esto creo que es la pasión y no sé vivir de otra manera.

Ya de paso, y sin venir a cuento, decir que me pone de los nervios los coches que circulan por el carril del medio teniendo libre el de la derecha. 

¿Perdono pero no olvido? Lo que tengo claro es que no olvido (menos lo que se me olvida casi sin haberlo retenido porque me genera interés cero) y lo que dejo en duda es lo de que si perdono o no. Creo que sí, pero ya sabéis lo que opina Platón en la Apología sobre Sócrates «sólo se que no sé nada».
Entro en bucle una y otra vez cuando no entiendo algo aunque por suerte he aprendido a preguntar e intento explicar lo que me pasa.

Gracias por leerme y no juzgarme. Para mí no es fácil hacer estas reflexiones y me gustará ser capaz de explicar cada punto con más detalle y poder traducir en palabras las sensaciones que tanto me cuestan exteriorizar de manera «neurotípica».

literalidad, rigidez y transparencia en el autismo o Síndrome de Asperger
Literalidad espectro autista

Amigo, amiga, sí que me importa, claro que me importa.

Todos sabemos que cuando estamos con alguien (o una misma) que está pasando un mal momento se espera una reacción que pase por el contacto físico.
Parece que el contacto físico acompañado de palabras adecuadas es la manera más aceptada de consuelo en la sociedad neurotípica. 

En mi caso no. En mi caso no digo que me moleste que estemos físicamente cerca en ese momento. De hecho, seguramente quiero que estés (o estar yo) allí, pero si puedo elegir, será en silencio y sin contacto físico. Y si puedo seguir eligiendo, será cada uno desde su casa, no nos engañemos. 

Seguramente esto te hará sentir una sensación extraña y un tanto incómoda. Yo también me siento rara por no poder darte de manera natural el consuelo “físico” que me pides, pero me esforzaré en hacerlo si es importante para ti; igual que agradeceré infinitamente que respetes mi espacio cuando soy yo la que está mal. 

El hecho de actuar de una manera distinta no significa que sea una insensible o que no me importe lo que te pasa. Claro que me importa si tú me importas (remarco esto último) y seguramente lo siento tanto como tú pero si mi manera de demostrártelo tiene que pasar por un contacto físico, me voy a sentir incómoda. Porque el contacto físico me suele resultar violento. 

Si somos capaces de tener una comunicación sin prejuicios que esté por encima de todas las etiquetas, encontraremos el equilibrio que dé sentido a nuestra amistad. 

(Canción que estoy escuchando mientras escribo y concierto al que iría, aún sabiendo que me encontraría a miles de personas juntas, si alguien inventara una máquina del tiempo).

Observando voy, analizando vengo.

Cuando salgo a la calle me pongo los auriculares (con o sin música) y veo nada mientras no lo veo todo, pero no me pierdo ni un detalle de lo que me interesa o de lo que puede ser un peligro.

Cuando salgo de casa, lo analizo todo. Y todo es TODO. Cada persona, cada sitio, cada situación. Soy un escáner con patas.

Entro a un sitio y busco las salidas de emergencia, calculo cuánta gente puede llegar a haber, la acústica del local y si se prevén ruidos fuertes, cuánto rato creo que podré estar sin sentirme incómoda, y así un largo etcétera. Y si es un pica pica, sabré por dónde van a salir los aperitivos calientes. por supuesto.

En cuanto a las personas, me encanta observar cómo se comunican, cómo gesticulan, qué palabras dicen, cómo las dicen, cómo las perciben las otras personas,, qué piden, qué beben, cómo comen, cómo beben… (después de esto veremos quién es el guapo que quiere tomar algo conmigo ;-))  y mi cabeza saca patrones continuamente, uno tras otro. ¿Patrones para qué? Para dirigir mi comportamiento e intentar predecir cómo se comportarán los demás. Fácil.

Y las redes sociales…. oh, qué paraíso para la observación de los comportamientos y el tan sorprendente «postureo». Vivimos en una sociedad en la que está tan normalizado el aparentar, que se convierte en extraordinario ser uno mismo. Esto debe ser cansado también, compadezco a quienes lo practican.
Yo reconozco que de vez en cuando intentaba hacerlo, pero ya tengo suficiente con mi «postureo» de supervivencia.

Lo (hiper)siento, pero no me toques

Para empezar, y para romper mitos que me han llegado sobre las personas con mi etiqueta: tengo sentimientos.
Lloro, río, siento el dolor y me desato en la euforia. 
De hecho, una de las pistas para decidirme a hacer el diagnóstico fue hacer el test PAS (https://pasespana.com/alta-sensibilidad/) y confirmar que soy una Persona Altamente Sensible. Me gustó confirmar que sigo siendo persona aunque me suela sentir marciana.

Soy cariñosa y creo que sé amar con toda mi alma. Y esto no es una de las cosas que he aprendido a forzar a lo largo de estos años. Es algo que me sale del corazón.
Pero mi forma de demostrar mi amor y mi cariño quizás (quizás quizás) no es como los demás esperan. 

Por ejemplo, hay momentos en que sé que alguien necesita un abrazo y me encantaría tener este impulso de abrazar a quien percibo que lo necesita, pero simplemente no puedo.
Pongamos por caso que te despiertas mañana y resulta que dar una bofetada (a mano abierta, puestos a imaginar burradas) para saludar fuera lo «normal». Seguramente no podrías (aunque lo desearías con algunos, lo sé) porque es algo que te resultaría violento y serías incapaz de hacerlo, ¿verdad? Pues a mí me pasa algo parecido: Me resulta violento el contacto físico en general. Me incomoda.
Y creedme que esto me causa dolor, porque desearía con todas mis fuerzas poder abrazar y sentirme abrazada más a menudo.  

Sé lo que es un abrazo de corazón, claro que lo sé, y sé la sensación tan maravillosa que se experimenta. Me atrevería a decir que cura. Pero por alguna razón incomprensible tanto para vosotros como para mí, esto es lo que siento. 
IMPORTANTE: a mis hijos los UltraMegaMacro AchuchoAbrazoEstrujo continuamente y es lo mejor de mis días y de mi vida.

Sé que es muy egoísta a ojos de la mayoría lo que voy a decir pero… aunque te parezca raro, pídeme permiso para abrazarnos.  

Y os digo una cosa: los abrazos más bonitos se pueden dar con una mirada, con unas palabras, con un silencio….

Y de los besos ya hablaré otro día…. da para ello.

Sonaba esta canción (una de las que me gustaría aprender a tocar antes de mi 1er AspiCumple) mientras escribía esto: