Sobre relaciones sentimentales: la vulnerabilidad

Como ya comenté en el primer capítulo sobre relaciones sentimentales, todo lo que escribo sobre este tema es mi opinión personal, en general, en base a mi propia experiencia y a la de muchas otras mujeres que se encuentran en el espectro del autismo. 
Hoy quiero hacer una pequeña reflexión sobre algo que me preocupa mucho: las situaciones de vulnerabilidad en las que nos podemos encontrar en la sociedad actual. 

Tras hablar con otras personas, no hace mucho, me hice una pregunta: 

Si me cuesta interpretar las propias emociones y  expresarlas; ¿Cómo voy a entender las de los demás y, por ende, sus intenciones? Ese día empecé a comprender muchas cosas. 

Seguí con mi reflexión y me di cuenta de que a esta dificultad suele, o puede, ir acompañada de impulsividad, transparencia y/o literalidad.
Resultado de todo esto: una bomba de relojería. PELIGRO.

¿Entiendo que a toda esta mezcla bomba de la que hablo, se la llama ingenuidad? Algo que se considera negativo por supuesta falta de madurez ¿Sí?  ¿Vivimos en una sociedad en la que ir con la verdad por delante, con transparencia, es algo negativo?  

Desde mi punto de vista, todo esto nos convierte en perfiles susceptibles de ser víctimas de acoso, abusos, malos tratos y otras situaciones peligrosas e invisibles en la mayoría de los casos. 
Además, si le añadimos esa necesidad de encajar y de querer agradar, de enmascarar, la relación tóxica está casi asegurada a lo largo de nuestra existencia. 

Así que, una vez más, me reafirmo en la necesidad e importancia de tener un diagnóstico cuanto antes mejor.

Para finalizar, y a modo de declaración de intenciones, os digo que:

En referencia a la primera parte, a la de las emociones, puedo aceptar que es algo que puedo y, quizás, debo aprender porque es imprescindible para la convivencia que tanto anhelo. 

Pero… ¿Lo segundo también debo aprenderlo? Tengo que aprender a decir y entender lo contrario de lo que realmente es, o a esconder lo que siento y/o pienso; y tengo que estar siempre alerta para interpretar cada palabra en sus posibles dobles sentidos…. ¿Eso es así?
Pues por mi parte digo que NO. Eso no me interesa ni creo que sea necesario. Esta parte se va con la máscara, aviso.

Relaciones sentimentales y vulnerabilidad

SOMATIZAR

Durante toda mi vida, siempre he sido la reina de las “itis” (bronquitis, faringitis, otitis…) y la princesa de las «pupitas» (dolores de cabeza, de tripa, de articulaciones, de espalda, de cervicales…).  Lo de somatizar siempre se me ha dado de maravilla.

Con los años, pasé de ser la pesada que siempre estaba enferma, o la cuentista; a ser la floja que lo somatiza todo. Una “quejica” en toda regla para mi entorno.
A mí me frustraba mucho estar siempre así. 

Desde que tengo el diagnóstico, y he podido poner nombre a lo que me ocurre, se ha reducido considerablemente mi nivel de ansiedad y, por ende, las continuas bajadas de defensas y malestares varios.
La ansiedad sigue estando, por supuesto, pero para nada en esos niveles tan estratosféricos. 

Y cuando hablo de somatizar, hablo de situaciones como por ejemplo: 

  • De niña hubo un invierno que una conocida me quería enseñar a esquiar y eso suponía ir el fin de semana con ella + una actividad nueva en un sitio nuevo, etc. Pues bien, casualmente cada viernes que tenía programado ir, me ponía enferma. 
  • Me apuntaron a patinaje sobre hielo también de niña y recuerdo que me sentía muy torpe (que lo soy), observada, insegura… Era un entorno que no lo recuerdo agradable. Resultado: salía con fiebre cada vez y no era del frío.
  • En secundaria recuerdo una época que me dolía la tripa caaaaada mañana antes de ir al colegio. Pero dolor de morir. 
  • Hará unos 3 años tuve anginas 8 veces en un año. Estuvieron a punto de operarme porque “no era normal”. 
  • Durante años fui a muchos médicos para consultar sobre mis dolores de cabeza y de tripa continuos. Me hicieron infinidad de pruebas y, por suerte, siempre salía que estaba todo perfecto. ¡Ah! y siempre escuchando comentarios tipo “cómo te gusta ir a médicos”. Obviamente no me gustaba, pero estaba buscando muchos porqués. 

Ayer salió este tema en un podcast que estuvimos grabando varias personas y creo que es importante escribir sobre ello.
Porque hasta ahora lo había hablado de la somatización en algún vídeo, pero creo que no le había dado la importancia que tiene por lo común que es entre las personas que hemos recibido un diagnóstico tardío y/o no hemos recibido la atención y apoyos necesarios. 

Importante: cuando una somatiza, es por algo. No lo pasemos por alto ni le restemos importancia. Cada señal que nos da el cuerpo, es importante.

somatizar

Mis capacidades: intereses.

Dije que haría más publicaciones sobre «mis capacidades» y va a ser que no las he hecho ✌🏼
Hoy he pensado en algo que yo la veo como una capacidad y son mis súper intereses.

Creo que mis «súper» intereses son una capacidad porque cuando algo me apasiona (yo necesito más inputs que un «simple» me gusta), sale la intensidad e hiperexigencia que llevo dentro y creo que no hay quien me gane en eso.
Habrá quién lo llame obsesión o similar… para mí es pasión en estado puro y me suelo sentir genial mientras dura. Aunque luego es posible que me acompañe un bajonazo (shutdown) tras tantas emociones. 

La parte negativa es que mientras estoy súper focalizada en mis intereses soy capaz de olvidarme de hacer cosas como comer (eso no suele ocurrirme, no nos engañemos, vamos a decir de comer bien) o dormir. Y a veces mi autoexigencia puede ser algo destructiva. ¡Estoy trabajando en ello!

Eso sí, reconozco que: con la misma velocidad e intensidad que me pongo a hacer lo que sea, soy capaz de dejarlo sin terminar de golpe y porrazo, sin avisar. En eso reconozco que tengo un don (ironía).
Un día puedo decir que X es lo más del mundo y al día siguiente X me da completamente igual. Ya sabéis que los extremos están presentes en todo por aquí.

En fin, voy a seguir con mi súper interés de hoy 😉 

Mentir

Sé mentir pero creo que no lo siento tan necesario como otras personas en mi vida diaria. O eso creo. 

Dicen que tengo pocos filtros, que se me nota mucho cuando intento mentir e incluso creen que soy graciosa. Esto último supongo que me lo dicen porque se me suele escapar la risa.
Y casi siempre me pongo roja como un pimiento. Soy fácil de delatar. 

Tengo la sensación de que vivo en una sociedad donde mentir parece que forma parte de los “formalismos sociales” que intento cumplir, muy a mi pesar. 
Además, esta costumbre extraña hace que tenga que estar continuamente descifrando las verdades entre “pequeñas” mentiras…. Y es un poco agotador, la verdad. 

No me gusta mentir. Me parece una pérdida de tiempo y energía innecesaria.
Sé que las cosas se pueden, y deben, decir sin hacer daño a la otra persona. Y también sé que a veces puedo ser muy directa sin darme cuenta y puedo molestar a mi interlocutor. Lo siento por la parte que me toca.
Pero creo que una verdad bien dicha siempre será mejor que cualquier mentira.

Por otro lado, tengo que decir que creo que en algunas situaciones miento por supervivencia. Por ejemplo: cuando estoy en pleno apagón (shutdown) es más fácil decir que tengo un virus para evitar alguna situación que no me veo capaz de afrontar, que explicar lo que me pasa y arriesgarme a tener que escuchar respuestas que me terminen de derrumbar. 

En resumen: sé mentir (otro de los mitos que existen sobre el autismo) pero no me gusta y se me da fatal.   

Mitos sobre el autismo: mentir

Expectativas

Cuando alguien me genera muchas expectativas sobre algo y luego no se cumplen, entro en un espiral de frustración que me puede durar días, semanas, meses y años. 

Si alguien me dice que una cosa será de una manera, yo me la imagino tal cual me lo plantean, literal; y reconozco que tengo poco margen de maniobra en cuanto a desviaciones sobre lo que me habían planteado. 

Evidentemente, si no se cumplen porque lo que sea es todavía mejor, no creo que tenga problema (obvio) y, seguramente, entraré en modo “euforia desatada”.
Pero, ojo, siempre y cuando yo crea que es mejor. No me sirve cuando los demás creen que es mejor. En este caso todavía me frustro más y lo más seguro es que tenga una mala respuesta con quien me intente convencer. 

Esto no es un reproche a nadie, porque muchas veces me las genero yo misma.  

Al fin y al cabo, las expectativas no dejan de ser “la posibilidad de” y, como he contado en varias ocasiones, la incertidumbre no me gusta nada.
Además, si tenemos en cuenta que también llevo mal los “ya se verá” y similares, volvemos a lo de siempre: necesito una comunicación clara, concisa y precisa. 

Así que antes de “futurearme” (palabro que me encanta) algo, prefiero que no se me diga nada si no es algo 100% seguro. 

expectativas y frustración

Sobre relaciones sentimentales: el flirteo

Las relaciones sentimentales, y el flirteo, es uno de estos temas que se encuentra en el límite entre lo que quiero que prevalezca en mi intimidad y, a la vez, creo que es urgente visibilizar para ayudar a las que ahora son niñas y un día serán mujeres. 

He dicho en más de una ocasión que me considero una persona muy reservada y creo que en este tema es donde más lo soy. Siempre que me preguntan sobre asuntos personales sentimentales, no tengo reparo en decir que yo no hablo de mi experiencia en esto. 

Así que lo que quiero transmitir aquí es mi opinión personal en base a mi experiencia , sin entrar en detalles, y en base a la experiencia de otras mujeres que se encuentran en el espectro del autismo. Del mismo modo, quiero dejar claro que esto no representa a toda la comunidad autista, sino que es una opinión totalmente personal y subjetiva. 

Como titular diría que creo que nuestra condición nos hace vulnerables en lo que a relaciones sentimentales se refiere. Hablando claro: somos carnaza para determinados depredadores. Estoy segura de que los abusos y los malos tratos están a la orden del día entre las mujeres autistas. Y es por esto que  siento que debemos informar y dar muchas herramientas a las niñas. Esas herramientas que no tuvimos las mujeres que hemos recibido una diagnóstico tardío. 

El flirteo

Vivimos en una sociedad en la que el flirteo, o sea ligar, se nutre de dobles sentidos, indirectas, señales, rodeos… Creo que estaremos de acuerdo en que por aquí ya empezamos mal. Porque aquí sí que no tengo reparo en decir que yo misma no pillo ni una indirecta y soy literal a más no poder. Así que en el primer paso ya vamos mal. O me dan un mapa, o no llego. Por no hablar el sí que es no y viceversa. Pero de esto ya hablaré con más detalle en otro capítulo.
Resumen: si la comunicación no es directa, clara y concisa, es fácil perderse.

Por otro lado, puede darse la situación de que tengamos una comunicación tan directa, que la otra persona eche a correr despavorida. Porque esto tampoco gusta y, además, ser directa parece que no es sexy.  Eso de ser sexy creo que también debe ser un tipo de máscara social, pero de las que se usa más, o con más facilidad, en el mundo «neurotípico» (curioso, ¿eh?).

Hasta aquí puede ser un desastre en cuanto a poder lograr iniciar una relación, pero bueno, son «cositas» de nuestro día a día.

Lo que me aterra en este punto de una posible relación, es la parte de no comprender las intenciones del otro. Esto me da pánico. 
Porque si muchas veces no entendemos nuestras propias emociones… ¿Cómo vamos a entender la de otra persona y, por ende, sus intenciones? 
Y si esto se mezcla con la necesidad de encajar a toda costa con nuestro entorno, el resultado puede ser muy peligroso.

Como conclusión personal os tengo que decir que el flirteo me parece cansado y bastante aburrido si tengo que estar continuamente descifrando enigmas sin entender nada. 

Y que quede clara una cosa: una comunicación directa, clara y concisa no es sinónimo de aburrido y carente de chispa. Todo lo contrario, creo que cuando sentimos que nos podemos relajar y ser nosotras, es cuando sale ese sentido del humor tan nuestro (aquí he dado un último coletazo para hacernos las interesantes 😉 )

En el próximo capítulo: relaciones tóxicas. 

Cosas de quitarme la máscara

Quitarme la máscara no siempre es fácil. Tanto por tener que cambiar mi manera de “actuar” en sitios donde tengo muy interiorizado mi papel enmascarado para encajar y cumplir con todos los cánones de comportamiento posibles. Así como por el simple hecho de que ni siquiera me doy cuenta en algunos entornos hasta que llego a casa y lo analizo.

Lo que sí he notado los últimos meses es que al ir analizando mi pasado y mi presente, desde este nuevo paradigma, hay muchas cosas que yo creía que me gustaban y no era, ni es, así.
Tenía tan interiorizado el tener que encajar a toda costa, que me había llegado a engañar a mí misma creyendo que me gustaban cosas que en realidad no me gustan ni me hacen feliz. Y me atrevería a decir que más bien me agotan y me hacen sentir mal. 

Esto me estaba ocurriendo tan a menudo, que hace unas semanas tuve que frenar y bajar el ritmo. Creo que me sentí sobrepasada por descubrir tantas cosas.  

Y tengo que darle las gracias una vez más a Judith, con quien sigo terapia semanal, por recordarme a menudo que dosifique. Porque con lo impulsiva e intensa que soy, había rebasado todo límite de velocidad posible en auto analizarme y querer avanzar. 

Creo que no somos conscientes de todo el trabajo que tenemos que hacer tras recibir un diagnóstico tan tardío. Yo misma estaba tan eufórica y me sentía tan liberada, que no tenía ni idea de lo que iba a venir cuando fuera descubriendo más y más cosas. Tenemos tantos porqués que resolver, tanto que perdonarnos y tantas heridas por sanar, que pensar en el futuro conociéndome como nunca pasa a estar en un segundo plano. 

Por todo esto insisto en la importancia, y necesidad imperiosa, de tener acompañamiento psicológico tras recibir un diagnóstico. Y ahora mismo no lo tenemos si no es pagando de nuestro bolsillo.

camuflaje y enmascaramiento autista

Manual de instrucciones – Cuando te cuente que soy autista…

En el momento en el que estamos, en que vamos volviendo a la «nueva normalidad» y que cada día lo explico más y más, me ha parecido interesante hacer una mini guía «especial reencuentros», como anexo a mi «manual de instrucciones» 😉, aprovechando que tenemos que volver al trabajo, colegios, etc. 

5 cosas que puedes hacer cuando te cuente que soy autista

1- Puedes sorprenderte, claro que puedes; a mí también me sorprendió. Incluso puedes quedarte sin saber qué decir. No pasa nada.
2- Una vez pasado el «estado de shock», puedes preguntarme cómo estoy. 
3- Pregúntame todo lo que quieras, sin filtros. Si te lo he contado es porque quiero explicártelo.
4- Si te apetece, podemos comentar algunas situaciones del pasado y hasta resolver algunos porqués que teníamos pendientes.
5- Pregúntame qué puedes hacer por mí (si tú quieres, claro) y qué cosas podemos cambiar a partir de ahora las dos partes.

5 cosas que no deberías hacer cuando te cuente que soy autista

1- Tras explicártelo con más detalle, no me vuelvas a decir que no lo parezco o similares. 
2- No me mires ni trates con lástima. Sigo siendo la misma persona que no te daba pena un rato antes. 
3- No me compares con otras personas. Yo soy yo. 
4- Jamás pongas en duda mi diagnóstico. Esto sería letal para nuestra amistad. 
5- No infravalores mis dificultades aunque creas que a ti «también te pase eso». Y no pongas en duda mis capacidades tras saber que soy autista.

Te cuento esto porque

Si te lo he contado es porque para mí es importante que tú lo sepas.
A veces tengo ciertas dificultades en explicar las cosas que yo misma estoy descubriendo.
Además, puede ser que me cueste quitarme esta máscara que llevo tan incorporada para empezar  a mostrarme como realmente soy.
Sólo te pido algo de paciencia, comprensión y mucho respeto.

¡Gracias por acompañarme!

manual de instrucciones cuando te cuente que soy autista

Manual de instrucciones – Anticipación y planes

Hoy sigo mi «manual de instrucciones» hablando sobre la anticipación cuando me propongas planes o eventos:

  • Intenta darme la máxima información sobre fechas, horarios, duración, ubicación y las personas que estarán allí. 
  • El “no saber”, o la información poco concreta, me genera tanta ansiedad que es posible que renuncie a asistir a un plan aunque sea algo que a priori me podría gustar. 
  • Si confirmo mi asistencia y hay cualquier cambio sobre el plan inicial, por insignificante que te parezca, dímelo. 

Hasta aquí un poquito más sobre algo tan importante para mí como es la anticipación.

Cuento esto porque cada día me esfuerzo mucho en ser parte de la sociedad, pero necesito reciprocidad en este esfuerzo.
Estoy segura de que con pequeños cambios podremos empezar a convivir mucho mejor. ¡GRACIAS!

anticipación y autismo

Manual de instrucciones – Comunicación

Cuando hablo sobre mi vida antes del diagnóstico, siempre pongo el ejemplo de tener la sensación de que todo el mundo había nacido con un manual de instrucciones básico, menos yo.

Pues bien, he pensado que voy a ponerle un poco de humor (sin restarle importancia, por supuesto) e inicio una nueva sección para dar algunos consejos sobre pequeñas cosas que se pueden hacer para ayudarme en las interacciones sociales. 

En este caso empezaré este «manual de instrucciones» hablando sobre la comunicación cuando quieras ponerte en contacto conmigo:

  • Pregúntame siempre antes de llamarme por teléfono o visitarme. 
  • Intenta que los mensajes de texto sean claros y concisos. 
  • Si me mandas audios, intenta que sean cortos, aunque sean varios; y sin muchos ruidos de fondo..
  • Comunícate de la forma más directa, clara y concisa posible. Me pierdo en los rodeos.
  • ¡Ah! Y me encantan los gifs.

Cuento esto porque cada día me esfuerzo mucho en ser parte de la sociedad, pero necesito reciprocidad en este esfuerzo.
Estoy segura de que con pequeños cambios podremos empezar a convivir mucho mejor.

comunicación y autismo