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ESCRIBIR

Estoy segura de que escribir es mi mejor apoyo visual y emocional.
Y no sólo para comunicarme, sino también  para entender lo que ocurre a mi alrededor y entenderme a mí misma. 

Siempre he preferido comunicarme escribiendo en lugar de hablando. Seguramente porque al escribir puedo tener mis tiempos, dar mil vueltas al tema que sea, analizar, rectificar, reflexionar… y, no nos engañemos, alimentar un poco mejor mi autoexigencia.
Y al hablar todo es tan inmediato que mi impulsividad puede hacer que suelte cosas de las que luego me pueda arrepentir y, en general, necesito mis tiempos para pensar las cosas bien. 

A continuación pongo algunos ejemplos de por qué creo que escribir es mi mejor apoyo visual y emocional: : 

EMOCIONES
En muchos momentos de mi vida, por no decir cada día, he necesitado un papel y boli (azul) para descifrar lo que me estaba pasando, ponerle palabras e intentar ordenarlo.
De la misma manera, he necesitado, y necesito, comunicar por escrito lo que siento. Y, sin duda, se me da mejor mostrar mi cariño por escrito que hablando. 

PLANIFICACIÓN
He probado mil maneras de organizarme y al final, la que mejor me funciona, es la agenda semanal de toda la vida y hacer mis listas de tareas pendientes en papel (además, tachar es de lo más regulador, oye).
En la agenda puedo escribir, poner y quitar colores, flechas, post-its, etc. 

DECISIONES
Tomar decisiones es una de las cosas que más me cuestan. A no ser que lo haga de manera impulsiva con el consiguiente bucle de dudas sobre la decisión tomada.
Algo que me ayuda para la toma de decisiones es escribir mis dudas, los pros y contras, riesgos, beneficios, etc. Sí, a veces parece que esté planeando un viaje a Marte para tomar una decisión aparentemente sencilla. 

Escribir y compartir con tantas personas me está haciendo muy feliz. ¡Gracias!

escribir

3 cosas por las que es importante tener un diagnóstico precoz.

Es fundamental tener un diagnóstico precoz de autismo para poder abordar las dificultades y fortalezas de cada persona, lo antes posible. 

En mi opinión, y experiencia personal, tener un diagnóstico tardío, aparte de ser agotador, es peligroso por algunas razones como las 3 que expongo a continuación.

LITERALIDAD
Muchas veces no me doy cuenta de que me han dicho algo con un doble sentido. O me tomo en serio las cosas que me han dicho en tono de ironía. Algunas otras veces me doy cuenta a medias porque no estoy segura si lo dicen en serio o no. Y de vez en cuando sí que me doy cuenta, claro.
Lo “peormejor” (palabrO), es que soy muy irónica, pero muchas veces sólo entiendo yo “mi ironía”. 
Yo no era consciente de que había una realidad paralela a mi realidad (la que yo interpretaba).
Todo esto me puede llevar a tener muchos malos entendidos y a que se rían de mí. 

ALEXITIMIA
Me cuesta saber interpretar y explicar lo que siento. De mostrar mis sentimientos mejor ni hablamos; eso sería un “next level”.
A veces me muestro muy fría delante de ciertas situaciones, tanto tristes como alegres, pero como digo siempre: la procesión la llevo por dentro.
Entonces, si tengo dificultad para interpretar mis propias emociones, yo me pregunto: ¿cómo voy a captar las de los demás? Y mi respuesta es que: creo que siempre lo he hecho simplemente a base de observar, analizar, preguntar y crear esos patrones de funcionamiento / supervivencia.
Si a esta dificultad le añadimos la literalidad, es prácticamente imposible que sea capaz de detectar las intenciones de las otras personas. 

ENCAJAR
Mi vida ha sido una búsqueda constante de mi lugar en el mundo y de no entender el porqué me sentía diferente. Necesitaba encajar a toda costa. Necesitaba encontrar ese sentido de pertenencia que tanto anhelaba.
Si a esa necesidad desesperada de encajar, le sumamos la literalidad y la alexitimia… en mi opinión, me convierto en una persona muy vulnerable a malas situaciones y personas.

LITERALIDAD
      +
ALEXITIMIA                  =           PELIGRO
        +
ENCAJAR

Estas cosas de las que he hablado, podrían hacer que algunas personas me vieran como “esa ingenua de la que es fácil aprovecharse y encima no se enfada, calla y pone buena cara”.

Desde mi punto de vista, esto puede desencadenar en malos tratos, abusos, bullying y otras muchas situaciones por las que nadie debería pasar. 

En próximos capítulos escribiré sobre otras cosas como la transparencia, la rigidez y otras tantas “cositas” con las que he tenido que lidiar a base de prueba y error.
Mientras, podéis leer uno de los primeros artículos que escribí sobre estos temas, aquí.

Diagnóstico precoz autismo

A veces funciono por inercia

Hay días en los que tengo la sensación de que funciono por inercia.. Como un autómata.

Días en los que he sobrepasado todos los límites y no me queda más remedio que seguir agonizando con el resquicio de energía que me queda (ha sonado muy dramático, pero es así).
Me he dado cuenta de que esos días suelo olvidar todo lo que pase. Estoy en modo supervivencia.
Así que si alguien me cuenta algo importante, lo más probable es que se me olvide. Porque mi único objetivo es “cumplir” e irme cuanto antes a mi casa, mi refugio.

Hay dos factores importantes que explicaré a continuación con dos ejemplos:

1- Límites
Llega el fin de semana y se me acumulan varios eventos familiares y/o amigos a los que “no puedo decir que no”. Voy, cumplo, a veces estoy en silencio horas, pero estoy cuerpo presente allí porque es lo “correcto”.
Creo que el error aquí es mío porque, como he dicho en más de una ocasión, tengo que aprender a poner límites. Porque poner límites también es autocuidado que no puedo ni debo olvidar si quiero que las cosas cambien a mejor. 

2- Sociedad
Yo puedo trabajar horas, incluso días, sin parar con un rendimiento alto. Y, por otro lado, otros días soy incapaz de hacer nada. Pero siempre he pensado que esos días que rindo a 800% compensan con creces los otros. Pero vivimos en una sociedad en que todo el mundo tiene que trabajar las mismas horas, con los mismos horarios, en los mismos espacios… Para mí es muy difícil, por no decir imposible, mantener una estabilidad laboral si no tengo cierta flexibilidad tanto en horarios como en espacios.
Esos días que funcionó por inercia, podré atender reuniones  (y otro día me tendrán que recordar lo que se ha hablado), podré contestar correos,… podré hacer cosas pero lo más seguro es que cometa errores, que sea lenta  y poco creativa… Serán días poco o nada productivos. Y encima habré acumulado más agotamiento físico y emocional). 

Vivir en sociedad conlleva que existan unas normas de convivencia, está claro.  Igual que existen patrones de comportamiento “correctos” (¿aceptados?) y otros incorrectos no por ser dañinos para nadie, sino por ser diferentes o minoritarios.  
Tengo la sensación (o certeza) de que hay un modelo estandarizado de persona, que incluye a la mayoría de gente, y cuando sales de ese modelo, quedas automáticamente excluido. Así que no te queda más remedio que esforzarte en convertirte en lo más parecido a ese “modelo”.  

Siento que vivo en una sociedad, creada por y para algunos, que me impone un ritmo que no puedo seguir. Y, por este motivo, hay días que tengo que funcionar por inercia, porque no me queda otra opción.

Ojalá algún día sea real ese cambio de paradigma en el que no exista un único modelo correcto y, por fin, se entienda que hay infinidad de maneras de ser, sentir, vivir… Y eso está BIEN.

¡Ojo! Hay otros días en que no puedo ni siquiera funcionar por inercia, pero esto ya vendrá, supongo, cuando hablé del concepto de “burnout”.

funciono por inercia

La cabalgata de Reyes

La cabalgata de Reyes siempre había sido un evento que me generaba sentimientos encontrados.
Por un lado, estaba muy ilusionada porque sabía que el día siguiente recibiría regalos (sí, llamadme materialista) y, a la vez, me agobiaba la gincana de casas e interacciones sociales a tutiplén que me tocaría soportar el día de Reyes. Pero parece que los regalos bien se merecían la resaca del día siguiente.

La cabalgata de Reyes era, y es, un evento agobiante, para mí, por varios factores: 

  • Aglomeraciones. 
  • Esperas eternas. 
  • Gente colándose y haciendo todo tipo de injusticias que me enervan. 
  • Ruido (ojo, la música sí que me gusta, me refiero a ruidos más tipo pirotecnia).

En resumen: la cabalgata era la suma de muchos estímulos y poca anticipación. Mal, todo mal (como diría mi amiga Bea).
Además, es curioso que, con lo mucho que lo analizo todo, eso me lo creyera con tanta facilidad.
Debía ser inocencia en estado puro. Esa ingenuidad que me acompaña. 

En Barcelona se celebran varias cabalgatas: la principal, que recorre gran parte de la ciudad y otras más pequeñitas en los barrios. ¿A cuál iba yo? a la grande y multitudinaria, faltaría más (con tono irónico). 

Iba con mi abuela y mi madre al Parc de la Ciutadella, justo donde empezaba la cabalgata y mi abuela siempre lograba que nos dejaran entrar para estar en la puerta justo donde empezaba y allí no había casi gente. Eso sí que era una maravilla.
Creo que a ellas tampoco les gustaban nada esos mogollones de gente. 

Un año me propusieron ir en una carroza de la cabalgata. Me gustó tanto la experiencia que me hice voluntaria para ir cada año. Uno en una carroza, otros de paje (es que “paja” suena fatal, ¿no?)  andando. 

Os voy a contar el porqué creo que me “gustaba” ir a la cabalgata en esa modalidad:
– Estaba en el evento que tocaba ese día (la opción de quedarme en casa no era socialmente válida).
– No tenía que estar entre la multitud de personas.
– Lo tenía todo perfectamente anticipado (horarios, sitio donde estaría yo y qué personas).
– De alguna manera, me sentía “parte de algo”. 
– Era bonito ver, con la distancia que me daba seguridad, a tantos niños (y adultos también). 

Paréntesis: creo que fui la última niña de mi clase en saber quiénes son los Reyes. Defendía lo que me habían dicho siempre, a capa y espada e ignoraba todo lo que me pudieran decir los demás. Yo a lo mío. 

Con mis hijos siempre intenté ir a cabalgatas más pequeñas y lo superé con nota 😉 

Espero que seáis muy felices. 

cabalgata de reyes

Reflexión sobre la Nochevieja. 

La Nochevieja siempre había sido mi día “favorito” en este periodo de festividades, aunque hace ya unos años que fue perdiendo fuerza. 

Esta celebración, de por sí, supone un cúmulo de emociones. Y yo soy intensa en estos temas, ya sabéis… de cero a cien, y viceversa, en nada.
En fin de año, por un lado solemos hacer el balance de todo lo ocurrido los últimos meses y, por otro lado, es una explosión de nuevos propósitos y deseos para el año entrante. 
En mi caso, mis deseos solían ser muy fuertes, diría que desesperados, igual que lo era la frustración al hacer el balance y ver que, una vez más, no lo había logrado.

Mis deseos solían ir enfocados en buscar desesperadamente mi lugar en el mundo. Y podían ser cosas como: 

  • Tener un trabajo como fulanito, al que tanto admiraban todos..
  • Encontrar una pareja para ser igual de “feliz” que esos otros tan populares. 
  • Aprender a ser presumida para vestirme y arreglarme como menganita, que siempre aparentaba ser feliz.. 
  • Tener una casa tan bonita como X.
  • … y un largo etcétera cargado de superficialidad.

Deseaba con todas mis fuerzas que ese año fuera el que, por fin, lograra ser feliz. Pero se me olvidaba algo importante: preguntarme qué era lo que me podría hacer feliz o, por lo menos, analizar qué era lo que no me hacía feliz.
En mi cabeza creía que alcanzaría la felicidad cuando lograra ser como los demás, sentirme identificada, sentirme parte de algo. Y no iba desencaminada. Pero la manera correcta no era transformándome en alguien que no era, sino que la manera indicada era descubriendo quien y cómo era yo realmente.

Este fue uno de mis errores eternos: creer que la felicidad se trataba de encajar, de satisfacer a los demás siendo como yo creía que esperaban que fuera. Y en este afán, desvirtué mi propia identidad y me olvidé mí. Dejé de quererme (si alguna vez me quise, que tengo mis dudas).
Llegué a creer que estaba rota, defectuosa, y lo correcto era ser como los demás, aunque me doliera. Supongo que esto es lo que se nos inculca en nuestra sociedad: que salir de lo establecido como correcto, está mal. Una sociedad que da la espalda a la diversidad que la conforma. 

Precisamente la Nochevieja antes de tener el diagnóstico decidí que no quería ni propósitos, ni expectativas, ni nada de nada. Tiré la toalla en seguir la búsqueda de algo que me hacía más mal que bien. Estaba cansada. 

Unos meses más tarde recibí el diagnóstico y empecé a entender muchas cosas. Entre otras cosas, entendí que pasar la noche de fin de año sola en casa, está bien. Y está bien no porque esté socialmente bien visto sino porque es mi decisión. 

Gracias por estar aquí. Por no juzgarme. Por formar parte de este camino de descubrimiento.

nochevieja

Sobre mi embarazo: datos curiosos. 

Durante mi embarazo, sobre el que ya he hablado en alguna ocasión, tuve que hacer reposo por considerarse de riesgo y eso me dejó mucho tiempo para hacer cosas como, por ejemplo: 

  • Dos planes de empresa. Crear nuevos proyectos o, mejor, darle la vuelta a alguno existente es uno de mis súper intereses. 
  • Informarme sobre embarazos gemelares hasta el último detalle. Buscando información de todo lo que podía pasar durante un embarazo como el mío; investigando sobre los mejores especialistas en algunas complicaciones habituales y  contactando con ellos (sí, conseguí que me visitara alguno). 
  • Hacer listas y comparativas de todo lo que iba a necesitar cuando nacieran, para analizar las mejores opciones. Y, por supuesto, contacté con los fabricantes para resolver mis dudas y, en algunos casos, pedir muestras. 
  • Llevar un control exhaustivo de lo que me iba ocurriendo e intentar planificar lo que iba a pasar. Obviamente lo segundo era muy difícil (imposible) lograrlo. Rigidez y anticipación modo ON.
  • Ver el reportaje de National Geographic sobre el vientre materno (embarazos múltiples) una y otra vez.

ANÉCDOTA (confesión)
Me apunté a yoga para embarazadas, porque leí que era muy beneficioso hacerlo… Al final de la clase me quedé dormida y me desperté con mis propios ronquidos. No volví (mi sentido del ridículo se vio totalmente sobrepasado).

Podéis leer más sobre mi embarazo, aquí.

Imagen sobre mi embarazo doble y título del artículo "Sobre mi embarazo doble (algunas anécdotas - Datos curiosos)"
embarazo y autismo

Manual de instrucciones – Celebraciones familiares.

Las celebraciones familiares pueden ser una bomba a nivel de interacciones, ya que pueden aparecer personas a las que no suelo ver nunca y lo más probable es que el número de asistentes esté por encima de mi “máximo” de 5 o 6 personas.

Aquí van algunas cosas, hay muchas más, que pueden hacerme sentir mejor en algunas celebraciones:

  • Si te pregunto  qué personas asistirán o qué comeremos, no me des respuestas poco concretas. Necesito auto anticiparme cada detalle.
  • No me obligues a “partir y repartir” algún plato en la mesa. No es un tema de “princesismo” (#palabrO), sino que para mí es un momento que implica una gran interacción social y una agilidad que no tengo. No hay mantel que sobreviva limpio a mi torpeza.
  • Respeta “mis cosas”, mi manera de ser, y no me ridiculices. Por ejemplo, al taparme los oídos cuando alguien abre una botella de cava (champagne).
  • Cuando hay mucho ruido, muchas voces, puedo sentirme sobrepasada. Concédeme espacios para evadirme y regularme.
  • Si me quiero ir antes de finalizar la sobremesa, no me presiones para que me quede. Ni me reproches la corta duración de mi estancia. 
  • Si cancelo a última hora, no te enfades. Sé que es importante para ti que yo esté, así que si cancelo es porque estoy realmente mal y no puedo hacer el esfuerzo.

Ah, y que sepáis que si es un cumpleaños o son fechas navideñas, en el momento de cantar, hago playback.

¡Gracias!

Aquí podéis encontrar más publicaciones similares.

celebraciones

Entrevista TV3 – Mujeres y autismo

Ayer salió la entrevista que nos hicieron para el TN vespre de TV3. Podéis ver la entrevista original aquí. Y a continuación adjunto el vídeo con una traducción en los subtítulos (no me lo tengáis en cuenta, es la primera vez que lo hago). 

Creo que es un gran paso que cada vez se nos vaya escuchando más y dando más visibilidad 🙂 

¡Gracias!

Contacto visual

La falta de contacto visual es uno de esos rasgos “típicos” que me hacía pensar que era imposible que yo fuera autista. Porque… para sorpresa de muchos, yo soy autista y miro a los ojos ¡Tachán!. Eso sí, miro a mi manera. 

A raíz del diagnóstico, he ido profundizando un poco sobre este asunto y me he dado cuenta de que mi manera de mirar a los ojos es algo así como a ráfagas cortitas. Como un flash. Un “miro y desvío la mirada rápidamente hacia otro lado”

Voy a intentar explicar de manera breve mis conclusiones (con cero evidencia científica, ni de ningún tipo) tras darle algunas vueltas a este tema.

Cuando miro a los ojos recibo tanta información, que me siento abrumada. Recibo tanta información que me sobrepasa.
Siempre he pensado que una mirada dice más que mil palabras, literal; y que el poder de las miradas para comunicar, es infinito.  

Por otro lado, soy reacia al contacto físico, y arisca también; pero, a la vez, soy una gran defensora de abrazar con la mirada.
Por este mismo motivo, es posible que para mí el hecho de mirar a los ojos sea algo demasiado íntimo. 

Anécdota sin sentido, o sí: siempre me ha dado mucha angustia las fotografías de ojos en gran tamaño. Me tapo los ojos (con perdón a la redundancia). 

Tengo que decir, a favor de los fans de “mírame a los ojos, no seas maleducada”  que es cierto que cuando hablo con alguien, me gusta un mini contacto visual para saber que la otra me está escuchando. Pero, tengo que decir en su contra (melodía de game over), que seguramente eso “me gusta” porque es lo que me han enseñado desde que nací.
Creo que me parecería igual de válido si la otra persona hiciera un gesto que ya me dejara entender que me está escuchando. 

Y para finalizar, muchas veces me cuesta mucho el contacto visual, porque hay tantos estímulos en un lugar (ruido, olores, colores,…) que es imposible que pueda estar mirando a la persona en cuestión. También es cierto que, en estas situaciones, casi seguro no puedo atender a lo que me están intentando contar.

Y hasta aquí, mis conclusiones sin fundamento pero con mucha auto investigación sobre el contacto visual 😉

contacto visual

Señales de que estoy desregulada – Parte 3

Aquí van 4 señales más que indican que estoy desregulada.

  • Cuando necesito MORDER algo; no a alguien, eso me daría mucha aprensión. Esto me suele ocurrir cuando llevo un rato o unos días apretando mucho los dientes.   Así que diría que es una señal de desregulación total.
  • Me RASCO la cabeza, de manera compulsiva e intensa, hasta hacerme pequeñas heridas. Me di cuenta porque en la peluquería a veces me escocían algunos productos. 
  • Necesito ANDAR de lado a lado mientras hago estiramientos con los brazos y movimientos circulares con las manos. Está claro que bailar sevillanas es de lo más regulador que puedo hacer. 
  • No dejo de CANTURREAR con la boca cerrada y en bucle. Muchas veces suelo acompañar el canturreo con secuencias de números en mi cabeza. 
señales de que estoy desregulada

Podéis leer las otras partes aquí:
Parte 1
– Parte 2