Sobre mí…

Mujer, 42 años, madre de dos seres maravillosos a los que quiero por encima de todo cuanto jamás podría haber imaginado.
Autista de nacimiento y diagnosticada 41 años más tarde, con una mochila de 4 décadas luchando para parecer “normal” mientras buscaba respuestas. 

He vivido años sabiendo, o mejor dicho, sintiendo de una manera muy intensa, muy fuerte y muy dolorosa lo que “no quería pero debía ser”.
No os podéis imaginar el agotamiento que supone vivir así. Hasta el punto de querer quedarme dormida y no volver a despertar del cansancio que me causaba el esfuerzo para cumplir con cada “deber”; para comportarme de una manera impecablemente correcta.
¿Por qué lo hacía si me cansaba tanto? Porque no era consciente de ello. 

Una vida intentando entender el porqué me siento diferente. Un sentimiento difícil de explicar: un sentimiento de no pertenencia a nada ni a nadie. Una sensación continua de abandono frente a una vida que por mucho que lo intentes, no la entiendes y sin darte cuenta te ausentas y vas adaptando tus torpes técnicas de socialización a cada etapa. 
Con la sensación de que todo el mundo ha nacido con una hoja de ruta que a mí no me dieron y voy intentando ver qué pone en la de los demás. 

Tras pasar por distintas situaciones, psicólogos, psiquiatras, crisis de ansiedad, depresión, bajas laborales, cambios constantes de trabajo, de grupos de amigos, de aficiones… tras todos los años de lucha por y para entender(me), finalmente lo dije alto y claro: “No sé cómo explicarlo, me siento diferente, siento que no me interesan las personas y cada día estoy más cansada de vivir siendo alguien que  no soy. Tengo un agotamiento tan grande e inexplicable que empiezo a sentirme sin fuerzas”. 

Resultado: Trastorno del  Espectro Autista Nivel 1 (antes conocido como Síndrome de Asperger ).  

Para algunos será un simple diagnóstico, para otros una etiqueta más…. para MÍ es un soplo de aire fresco y el punto de partida para empezar a vivir de verdad.  Porque ahora sé que no eran “tonterías mías”, ahora sé que lo que siempre supe, es así. 

Ahora sé que ser consciente de que mi diferencia me hace especial se ha convertido en las alas que me faltaban para volar

Durante las semanas de diagnóstico he tenido que analizar muchos momentos de mi vida desde una perspectiva muy diferente. He llorado, he gritado y he reído. Me he sorprendido por lo fuerte que he sido y castigado por lo mucho que he tardado en descubrirme.  

Espero que esta nueva etapa sea el fin de tanto maltrato conmigo misma y de tanta exigencia para comprender un mundo que, por lo que estoy viendo, difícilmente iba a entender sola.

Julio de 2020: Se para el mundo, mi mundo. Silencio. Cierro los ojos, respiro y me preparo. Vamos allá. Sin prisa pero sin pausa.  

Día A. A de Autismo. A de Ahora sí, Ahora lo entiendo, Ahora empieza todo.