De compras

Nunca me ha parecido una actividad de ocio lo de ir de compras, sino más bien una necesidad. 

Recuerdo que siempre decía la frase “soy como un tío, no me gusta ir de compras”… Ahora lo veo como otra señal de que quizás es la propia sociedad la que nos empuja a ese enmascaramiento fatal. En mi caso, creo que casi nunca intenté enmascarar con eso y, a la vez, era una de las cosas que me hacia sentir muy diferente a las otras chicas.

Nunca me ha gustado “ir de tiendas” por el mero placer de mirar cosas. Siempre me ha parecido una pérdida de tiempo y una sobredosis innecesaria de socialización y estímulos. Gente, música, luces y ese olor a perfume intrusivo. Algunos de esos perfumes los reconozco con los ojos cerrados desde la calle.  Por no hablar a tener que tomar decisiones constantemente entre tantísima oferta. Un agobio asegurado.

Si voy de tiendas es porque estoy buscando algo concreto y voy a piñón. Entro y salgo de los comercios en tiempo récord, os lo aseguro. Cuando paso el límite de tiempo, me bloqueo. Lo tengo estudiado. 

Cuando veo algo que me gusta en una tienda, hago dos cosas: 
1- Mandar una foto a alguien de confianza, ya que con el paso de los años he terminado harta de las dependientas que me engañaban para venderme lo que fuera. 
2- Pedir en cuantos colores lo tienen para llevármelo en varios colores o en todos ellos. Lo tengo todo duplicado y triplicado: pantalones, camisetas, camisas, vestidos… 

Por supuesto, siempre voy en horarios de poca afluencia y jamás me veréis en una tienda el primer día de rebajas. Ni el segundo.

Algunas personas me han preguntado por qué no lo compro todo online para evitar ir a las tiendas de manera presencial. La respuesta es que si lo que sea no me queda bien, sé que jamás haré la gestión para devolverlo. Se me pasará el plazo de devolución a base de postergar (soy una pro en eso). Y porque necesito tocar los tejidos. 

Los últimos años he encontrado la solución: ir a tiendas pequeñas, de proximidad, donde los estímulos se reducen de forma considerable. Y el máximo es, en una de ellas, en la que puedo preguntar por whatsapp antes de ir qué cosas tienen que me gusten a mí. Y que, además, sé que no me venderán algo que no me quede bien. 

Por otro lado, siempre me han dado cierta envidia las chicas que saben hacer combinaciones con la ropa y los complementos; que van impecables hasta el último detalle. Y lo mismo con el maquillaje y el pelo. 
Yo me reconozco como “básica”. Pero esto ya es otro tema sobre el que escribiré en próximos episodios sobre estilismo y cuidados personales 😉 

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