En el gimnasio.

Tras varias semanas, o meses, mentalizándome, postergando y habiendo hecho un estudio de mercado minucioso, decido apuntarme a un gimnasio. 

Durante el proceso de selección he mirado cómo son las instalaciones, cómo huelen, qué ruido hay, a qué horas hay más afluencia, qué actividades ofrecen, etc. Y, obviamente, la parte económica ha jugado, lamentablemente, el rol más importante.

Para empezar me propongo ir un día a una actividad dirigida que haya hecho antes, en horario de mínima afluencia. Por lo menos sé más o menos a lo que voy y me quito esa parte de incertidumbre.

Llega el día y tengo mucha ansiedad. No quiero ir, pero a la vez sé que tengo que ir. 

He intentado convencer a alguna amiga para que me acompañe, pero por horarios no pueden. Voy sola. Me paso el día pensando sólo en eso.

Accedo a las instalaciones temblando, para variar (ironía).
Me tengo que cambiar de ropa en el gimnasio porque voy directamente desde el trabajo.
Odio los vestuarios y me dan bastante asco en general; aunque estén limpios (si están sucios, me voy, en sentido literal).
Además, llamadme recatada, pero a mí no me gusta pasearme desnuda, ni medio desnuda, y tampoco me gusta ver desnuda a gente que no conozco (y a la que conozco, tampoco, no nos engañaremos). Soy muy pudorosa.
Busco un sitio escondido en el vestuario para evitar que invadan mi espacio y no sentirme observada. Me cambio deprisa y evito cualquier conversación con nadie.

Estoy nerviosa y me siento fuera de lugar. Me siento una extraña en un sitio desconocido y no me gusta.

Llego a la sala de la clase (tras comprobar 15 veces que es esa) y me tranquilizo un poco al ver que somos pocos alumnos y que la profesora ha preguntado si hay alguien nuevo. Por fin he podido decir que soy nueva y que, sobre todo, soy torpe. Así calmo mi hiperexigencia si no me salen los ejercicios.
Porque, claro, mi sentido del ridículo no quiere llamar la atención. 

Durante la clase me muestro graciosa, como no, usando mi máscara de “despreocupada que le da igual hacer el ridículo” y por dentro tengo a mi yo más competitivo y perfeccionista intentando hacerlo bien, aunque mi torpeza y poca flexibilidad estén allí presentes. 

Cada vez que la profesora dice “relajaros y disfrutad”, sonrío mientras pienso “si me relajo te hago 20 estereotipìas y me tumbo en el suelo frío para relajarme”. Estoy tensa.

Termino la clase y me voy corriendo al vestuario, mientras se quedan charlando. Así evito encontrarme con los demás allí ni tener que establecer conversaciones de “ascensor”, o de “parque” si se alargan un poco. No doy pie a quedarme, porque soy la que siempre tiene prisa porque tiene una reunión (sí, miento por supervivencia).
Me encantaría quedarme un rato más en el gimnasio para hacer otros ejercicios y estiramientos en la sala de máquinas. Pero en mi cabeza ya ha saltado la alarma de “necesito salir de allí” y no hay otra opción. 

Salgo de allí y estoy agotada. No tanto por el ejercicio sino por el desgaste psicológico que me ha costado. Me digo engaño, a mí misma con un “no ha sido para tanto, la próxima vez estaré más tranquila”.
La realidad es que la próxima vez será exactamente lo mismo. 

Sé lo importante que es hacer ejercicio y lo mucho que lo necesito para canalizar la ansiedad y, en otros momentos, para activarme. Pero ir al gimnasio está claro que no me compensa. Por lo menos en el formato económico y “normal”. 

¿La solución?
Lo ideal sería tener un entrenador personal o, mejor, un sitio con grupos reducidos, sin olores intrusivos ni demasiados ruidos. Pero esto es caro; por lo menos para mí. 

Y escribiendo sobre esto, se me ocurre que estaría bien que alguien: montara un proyecto para ofrecer estos servicios a algunos colectivos.
Ahí lo dejo para quien lo quiera tomar 😉
O, si ya existe, agradecería mucho que me pasarais la información .

Justo antes del confinamiento conseguí ir durante varias semanas, de manera regular, pero porque hacían clases de sevillanas (sí, en un gimnasio) e iba con una amiga. No sé lo que hubiese aguantado. 

Y hasta aquí mi historia recurrente cada vez que me apunto al gimnasio. 

Ejercicio y cuidado personal en el gimnasio

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