Resignación

Creo que la resignación es algo que ha formado parte de mi día a día.
Bajar la cabeza y aceptar por no llevar la contraria. Además, cuando crees que tú eres la “rara”, pues simplemente pisoteas un poco más tu autoestima y claudicas. 

Y curiosamente me considero tozuda (perseverante, vale, que queda mejor), pero siempre he tenido mi lucha y mis renuncias más bien en silencio.
En un momento dado incluso confieso que puedo ser el dicho de “perro ladrador, poco mordedor”. Aunque en algunos entornos habituales ni siquiera “ladro”, bajo la cabeza y digo sí a todo.

Me aterran los conflictos, tengo aversión a la violencia; así que ante un posible conflicto, casi siempre he cedido.
Pero, ojo, no olvido. Y así el cúmulo de bucles y asuntos no cerrados y mal gestionados se va haciendo inmenso e insoportable en mi cabezota. 

¿Cómo iba a llevar la contraria a nadie, aunque eso significara defender mis principios,  si mi máximo objetivo siempre había sido el de ser “una más” entre los demás?

Esto ha hecho que haya tirado la toalla cuando podría haber luchado por algo que merecía la pena, o haya dejado perder grandes oportunidades.

Quien me conoce de verdad, creo que me define como una persona luchadora. Incluso yo misma me considero una persona luchadora, quizás sólo por mi propia supervivencia en una sociedad hostil, pero lo soy. 

Eso sí, la cosa cambia cuando hay una injusticia en mi entorno o se si incumplen las normas. Ahí sale la guerrera que llevo dentro.
El problema, el gran problema, es que esa guerrera debería haber salido también para defenderme a mí misma, en lugar de dejar que esa guerrera se hiciera más y más pequeñita. 

Así que esa resignación automatizada es una cosa que quiero que desaparezca para que el mundo sepa que tengo unos valores por los que voy a luchar y no me pienso callar más.  

Importante: tengo que decir que los últimos meses me lo he empezado a aplicar y he dicho NO a cosas que antes hubiese callado y seguido sin decir nada por querer agradar.

resignación y autismo