Olvidar: misión imposible.

Olvidar no es algo que me cueste, más bien es algo prácticamente imposible para mí.
Y me genera mucha ansiedad y malestar no poder hacerlo. 

En esta ocasión no me refiero a no poder dejar de pensar en mis intereses. Me refiero a esas malas experiencias, desengaños y/o decepciones que nos ocurren a todos a lo largo de nuestras vidas. Eso que muchas veces le llamamos “aprendizajes de vida”. 

Para mí es algo lógico el necesitar entender el porqué de las cosas. No entiendo el concepto  “pasa, no le des más vueltas” o “no pierdas tiempo en eso, olvídalo”.
No puedo olvidar así sin más. Mi cabeza se pone en modo bucle y no salgo de allí en días, meses, años… o una vida entera. 

A veces parece que consigo salir del bucle, pero en cualquier momento puede volver a aparecer el tema. Y cuando digo «en cualquier momento», puede ser al día siguiente o pasados 10 años (o 30). 

Sinceramente, funcionar así es agotador y, a su vez, inevitable para mí.
Me dais mucha envidia, y a su vez os admiro, las personas que realmente podéis pasar página así sin más. Me encantaría poder hacerlo pero me resulta imposible. Es como un  “run run” en cabeza que no se me va con nada. 

Bueno, vale, a veces “paso página sin más” de algo que se supone que era importante y a mí no me había generado el más mínimo interés (supongo). Pero este ya es otro temazo. 

¿Qué podría ayudarme?
Pues me ayudaría bastante, creo, el poder tener las explicaciones para entender lo ocurrido. Aunque luego no pueda olvidarlo del todo, seguro que lo podría mantener en mi cabeza archivado de una manera menos dañina para mí.
Y creo que también me ayudaría que no se me trate de pesada por preguntar. No lo hago por cotilla, lo hago por necesidad. 

Total, creo que tampoco debería ser nada del otro mundo el pedir un poco de sinceridad y tenerla, ¿no? 

Así que ahora ya lo sabéis: lo de olvidar no es mi fuerte.