Autorregulación: el altavoz

Hay días en los que me quedo sin energía (#shutdown autismo) y con los años, sin darme cuenta, he ido recopilando recursos para una autorregulación que me ayude a equilibrar mis emociones. Seguramente por pura supervivencia.

Aunque hasta hace pocos meses no fuera capaz de entender lo que me estaba pasando cuando me quedaba sin energía, ni por qué ni cómo volvía a estar conectada con el mundo y conmigo; ahora sé que tiene un nombre y es integración sensorial. 
Es por este motivo por el que insisto tanto en la importancia de terapia ocupacional e integración sensorial para conocer bien nuestros perfiles sensoriales y, así, conocernos mejor y poder autorregularnos. 

Pues bien, ayer me di cuenta de una cosa que hago de manera inconsciente en ciertos momentos en que necesito regularme, sobre todo, cuando me quedo con pocas energías (cucharas) y necesito activarme un poco; y, a la vez, calmar la tristeza que me invade en ese momento.

¿Qué es?
Un altavoz portátil.
Recurro a él cuando estoy muy sensible y no tolero los auriculares.

¿Qué hago con él?
– Elijo un altavoz que pese porque me relaja sujetarlo.
– Pongo alguna de mis listas de música o una canción en bucle.
– Me lo acerco a la mejilla para sentir las vibraciones.
– Lo sujeto con las dos manos y aprieto. 
– Me permito quedarme embobada el rato que haga falta.

No hace milagros pero me ayuda a desconectar de lo que me está desregulando y a conectar conmigo.

Y hasta aquí un poquito más sobre mis descubrimientos de autorregulación, la terapia ocupacional e integración sensorial.

Autorregulación con música