Amistad: reflexión y autocrítica

El tema de la amistad es uno de los que tengo guardados todavía para analizar, entender y retomar cuando vaya teniendo un poco más asentado todo esto. Pero ahora he tenido un momento de mini reflexión y autocrítica que me ha apetecido escribir. 

Siempre he tenido la idea inculcada, o preconcebida, de que cuantos más amigos tuviera, mejor. Porque más “integrada” estaría en todos lados y más “parte” sería de “algo”. ¿Verdad? Pues con los años digo ¡Mentira! 

A lo largo de mi vida siempre me he esforzado para tener muchos amigos. aunque ahora creo que en realidad lo que he hecho es conocer a mucha gente (pero mucha mucha  mucha). Quizás aquí, en el error de conceptos en mi cabecita, es donde radica parte de la frustración que me ha producido este tema; ya que pocas veces he sentido la amistad tal y como se describe

Una prueba del desgaste que me producía este ritmo frenético para socializar es que los últimos años he ido reduciendo de manera drástica las interacciones sociales y amistades. ¿El motivo? Agotamiento, desgaste, desmotivación, frustración y un largo etcétera.  

Durante los últimos años, será por la edad, he empezado a darme cuenta de esa confusión entre amigos y conocidos; y, que en muchos casos, los que yo creía amigos sólo me querían cerca por interés. Eso duele.
El problema es que por el propio miedo que sentí al darme cuenta, me encerré más de lo que posiblemente debiera. Necesité refugiarme, protegerme. Eso fue antes del diagnóstico. 

Sé que, como toda relación humana, una amistad verdadera no es algo que surja cada día de nuevo y que se tiene que “regar” (sentido figurado). 

Igualmente sé que lo que se dice de que mejor tener pocos amigos y buenos, que muchos a medias.

Volviendo al presente, creo que tengo habilidades sociales suficientes para interactuar de manera satisfactoria en primeros contactos.
De hecho, creo que no se me da mal conocer a personas nuevas. Y esto cobra sentido si tenemos en cuenta lo mucho que me gusta analizar los comportamientos y las personas.
Eso sí, en entornos donde ya sé que no voy a encajar, no hace falta ni intentarlo. No voy a ir. O si alguien no me entra por los ojos, porque mi intuición es muy bruja,  dudo que cambie de opinión. Y se me nota, mucho. 

He leído cosas como que “a las personas autistas no les gusta tener amigos”… ¡Mentira también en mi caso! Claro que quiero tener amigos.
A mí lo que me cuesta es conectar, crear vínculos y mantenerlos. Aquí es donde radican mis dificultades. Desconecto enseguida de las personas a las que conozco. Es como si necesitara muchos más estímulos de los que recibo. No hablo de conversaciones a altos niveles intelectuales, no nos confundamos.
Justamente no me considero una persona culta. Me refiero supongo a conectar, a hacer un match en intereses. 

Haciendo un poco de autocrítica, soy una persona que salto de un tema a otro con mucha facilidad; no soy constante y a veces fallo en la comunicación tanto en tiempos como, posiblemente, en formas (por esa falta de filtros). Soy poco recíproca dicen.
Pero, a la vez, a mi favor creo que soy una persona honesta, respetuosa y con unos valores donde la amistad es sagrada. 
Cuando consigo crear vínculos, van directos al alma.

Hasta aquí mi pequeña reflexión y autocrítica sobre la amistad. Puede interesarte leer esta reflexión que hice a las pocas semanas de recibir el diagnóstico.

Amistad en el espectro autista

2 comentarios sobre “Amistad: reflexión y autocrítica

  1. Entre más te leo, me parece que estás hablando de mi, siempre he creído que la parte social no es mi fuerte, sin embargo creo firmemente que cuando logro tener esa conexión de amistad con alguien doy de corazón, sin esperar a cambio, y cuando me doy cuenta que muchas veces solo se acercan a uno por interés, terminó siendo aún más desconfiada y selectiva en el tema, no porque no quiera tener amigos, los quiero de calidad iguales o mejores que yo, siempre imperando respeto y honestidad 🙌🏻

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