Reflexión tras el 2 de abril: resaca emocional.

Ya ha pasado el 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, y hoy quiero hacer una reflexión sobre el día en cuestión y la resaca emocional, a pesar de seguir con un desgaste importante y me está costando redactar con un poco de claridad.

Supongo que estamos de acuerdo en que las causas no se deben defender, visibilizar o apoyar un día al año sino que eso debería hacerse a diario.
Los “días internacionales de…”, desde mi punto de vista, pueden servir para concienciar y sensibilizar a más personas de lo habitual y, posiblemente, llamar la atención de los medios de comunicación y políticos (esto es discutible, pero… estoy optimista).
Aunque hoy en día, cada día es el “día internacional” de varias cosas y de lo más variopinto. Debe formar parte del mundo del postureo en el que vivimos. 

Bien, a lo que iba. Este año ha sido mi primer 2 de abril que he vivido en «primera persona».
Algunas personas de mi entorno, que ya llevan años batallando por dar visibilidad, me advirtieron de lo frustrante que puede ser dejarte la piel ese día para los «pocos resultados» que se obtienen. Pero era mi primera vez y lo quería hacer y, a poder ser, disfrutar.
Aún siendo consciente del desgaste que me suponía algo así, merecía la pena invertir mis energías en ello. ¡Ojo! Merecía y merece, porque lo haría una y mil veces más. 

Los días, incluso semanas, previos estuve intentando dosificar mi tsunami de ideas y ganas de hacer cosas. Me propuse hacer un vídeo y colaborar en varios eventos, con el único objetivo de dar visibilidad.
Lo hice. Mejor dicho, lo hicimos, porque fuimos un equipo de muchas personas aunadas por la misma causa. En este sentido fue mágico.

PREPARATIVOS Y RESACA EMOCIONAL
Los días previos ya empecé a notar cierto cansancio pero la motivación y las emociones eran tan grandes, que podía llevarlo bastante bien.
El día 1 por la noche empezaron las emociones fuertes cuando presentamos el vídeo y empezamos a recibir respuestas. Ese miedo, por la propia inseguridad de no haber plasmado bien el mensaje que queríamos transmitir, iba desapareciendo y se iba convirtiendo en más y más euforia (¿meltdown?).
El día 2 era viernes, pero festivo (semana santa). Un día un tanto “raro”, pero por lo menos no tenía que ir a trabajar y esto ya era un puntazo para poder darlo todo.
Por la mañana seguía la euforia a todo gas, con momentos de mezcla de emociones, y, cómo no, con mucha intensidad por mi parte.
A primera hora de la tarde empecé a notar que el desgaste hacía mella y me estaba quedando sin energías. Pero podía  o, más bien, quería hacerlo a toda costa.
Seguí con mis actividades, principalmente charlas en directo, y cada vez me iba apagando más y más. A las 21h ya me noté derrotada y me quedaba una charla. La intenté hacer entera, pero no la pude terminar, estaba literalmente sin energía. 

¿Qué me pasa cuando me quedo sin energía?
Pues creo que es lo que se le llama shutdown. Me apago.
No me salen las palabras, ni una sonrisa, ni casi tengo fuerzas para hacer algo tan cotidiano como comer o beber.
Normalmente estoy triste también aunque en la mayoría de las veces ni siquiera logro llorar.
Puedo mirar hacia un punto fijo durante mucho rato o tener una mirada poco “definida”, incluso perdida (no sé cómo explicarlo mejor). Estoy ausente.
Tengo la sensación de que me pesan más de lo normal las extremidades. Me duele la cabeza a ratos y se me agudiza la hipersensibilidad acústica.
A veces con sensación de fiebre, dolor muscular y, en algunas ocasiones, con décimas.

¿Cuánto dura esto?
Pues depende. Tanto pueden ser horas como días.
Estos días, por ejemplo, no me he permitido la desconexión que hubiese necesitado y, a pesar de haber recuperado algo de fuerzas, sigo arrastrando las consecuencias del día 2.
La consecuencia de «no hacerme caso» será una caída más grande cuando mi capacidad para “seguir como si no pasara nada” se agote.
Estas son las cosas que estoy trabajando para aprender a detectar y regular los estímulos que puedo soportar; siempre que esté en mis manos hacerlo, claro. 

En resumen: toda la visibilidad que se dio tiene un desgaste invisible muy grande.  Pero mereció la pena, sin duda.

SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Soy consciente de que para los medios de comunicación, y la sociedad en general, es más fácil seguir con eso de que “lo que no se ve, no existe”. Suficientes cosas hay visibles como para andar dando visibilidad a lo invisible (ironía o sarcasmo, no lo sé).

Estuve conteniendo el impulso de informar a los medios de comunicación del vídeo que habíamos hecho, con toda nuestra ilusión por cierto; porque sabía que eso significaría frustración y en mi previsión de desgaste emocional no podría permitirme más emociones. 

Pero una vez más salió mi “yo impulsiva” y empecé a mandar el vídeo a todos los medios de comunicación que se me ocurrieron  (prensa, grupos audiovisuales, TV, radio…) por correo electrónico, a través de formularios, por redes sociales…. Lo mandé incluso a algún “famoso” que va de defensor de “causas”.
Tenía clarísimo que ningún medio iba a valorar nuestro mensaje, pero necesitaba comprobarlo para poder confirmar, una vez más, mi hipótesis de que los medios se mueven por el “morbo” y algo tan invisible no “vende” señores. Esta es mi opinión. Ojalá me equivoque y tenga que pedir disculpas. Pero lo que interpreto es que lo que llevamos tantas personas en silencio, por dentro, no interesa. A pesar de las graves consecuencias que pueda conllevar.
Evidentemente no recibí ni una respuesta de nadie. NADA.
Sé que deben recibir cientos de correos cada día, pero digo yo que alguien los abrirá y los leerá. Así que me parece de mala educación no dar ni una mísera respuesta.
Sea dicho de paso, me acordé de eso de que “si no tienes contactos, no eres nadie”. Estamos apañados, amigos. 

A pesar de que todo lo que he comentado pueda parecer algo negativo, mi intención ha sido sólo la de mostrar la parte que quizás no se vio ese día, pero que está presente.  

En mi opinión fue un día magnífico en el que nos pudimos expresar, se nos escuchó y llegamos a muchas más personas de las que podría haber esperado.
Deseo que esto sea lo que ha quedado, y debe permanecer, en nuestro recuerdo del 2 de abril de 2021 

Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo