Autorregulación: aplausos y aleteos

Siguiendo con mi nuevo tema de interés, la integración sensorial y autorregulación, hoy quiero hablar sobre aplausos y aleteos. Dos súper estereotipias.

¿Alguna vez habéis aplaudido cuando os dan una buena noticia? ¿O habéis dado saltitos?
¿Quizás habéis cantado de la euforia o hecho vocecitas?
¿Y zarandeado las manos como si quisierais echar la energía que os sobra cuando estáis nerviosos?
¡Yo sí! Lo necesito para regularme cuando estoy demasiado nerviosa, tanto por estímulos positivos como negativos. Siento la necesidad de regularme así.

Escribo sobre aplausos y aleteos, como unidad, porque en mi caso suelen ir seguidos.
Además, suelen ir acompañados de un «wiiiiiii» con voz aguda mientras ando de un lado para otro, o hago algún saltito; ambas cosas con posibilidad de hacerlas de puntillas.

A veces tengo que proponerme otras opciones, no sólo para evitar miradas, o por el propio #masking; sino por el hecho de que me puedo hacer daño (y me lo he hecho alguna vez).
Y, a su vez, me puede molestar el ruido de los aplausos debido a mi propia hipersensibilidad acústica.

APLAUSOS
Los aplausos suelo hacerlos dejando unidas las partes inferiores de las palmas y aplaudiendo con la parte superior de las manos y los dedos. Cuando estoy muy nerviosa, aplaudo demasiado fuerte, separando las manos, con las palmas (sin dedos) a lo bestia y me puedo hacer daño.
En algunos contextos tengo bastante normalizados los aplausos flojitos con un wiiii y me atrevería a decir que forman parte de mi encanto, aunque para muchas personas sea algo que me “infantiliza”.   

ALETEOS
Tanto los hago con los brazos estirados hacia abajo y por detrás de mi espalda, o con los brazos hacia arriba, como con los brazos encogidos y las manos a la altura de mi cabeza moviendo los dedos estirados. 
Con los aleteos también he tenido momentos en que, sin querer, me he golpeado con una puerta o, al ser tan intensa y bruta, se me resienten las muñecas y cuando estoy más tranquila me duelen los brazos. De hecho, alguna vez he imaginado que me salen volando las manos cuando estoy en plena regulación o me he imaginado arrancando el vuelo (sí, le pongo humor a mis propias estereotipias).

En todos los casos lo que sí tengo claro es que esto lo necesito hacer. No es por placer, es por necesidad. Y si me obligaran a reprimirlas, sin tener otra opción, creo que explotaría. Sería insoportable.  

Me ha costado un poco publicar esto, ya que es algo muy íntimo para mí, pero a la vez es algo que creo se tiene que normalizar y visibilizar.

Integración sensorial y autorregulación