Encontrando respuestas: burnout.

Sigo encontrando respuestas, o poniendo nombre, a cosas que me ocurrían y que algunos conceptos como “depresión” no sentía que definieran lo que yo sentía. Siempre he tenido temporadas en que mi descripción era un “game over”, un “KO”, un “tocada y hundida”; por dentro y por fuera. Un agotamiento fuera de lo normal. Parece que a esto le puedo poner el nombre de burnout autista. Y, en mi caso, diría que es algo parecido a un shutdown que se extiende en el tiempo.

Muchas veces no había un motivo triste aparente, sino una apatía y un cansancio infinitos que aparecían y me costaba mucho que se fueran. Casi siempre iba acompañado de molestias físicas como puede ser el dolor de cabeza, mareo o malestar general.

Hablo en pasado, pero esto sigue ocurriendo en el presente y seguirá ocurriendo en el futuro. La diferencia es que ahora puedo detectarlo cuando se acerca y puedo gestionar mejor la situación cuando, inevitablemente, llega. Porque mi entorno no cambiará por mucho que yo trabaje en mis dificultades y mis capacidades. 
Ahora por lo menos sé qué cosas lo pueden provocar y aunque muchas sean inevitables, porque forman parte de mi día a día, puedo ayudarme (sí, he dicho ayudarme yo a mí) a que sean situaciones un poco menos agresivas para mi salud mental y general.
Este es uno de los grandes trabajos que tengo que hacer en terapia tanto psicológica (rutinas, autoexigencia y objetivos) como ocupacional (integración sensorial y rutinas). 

Además, también estoy aprendiendo a gestionar el burnout (o shutdown y meltdown) cuando ocurre.  Estoy aprendiendo a recuperarme de la mejor manera posible sin dejar, en la medida de lo posible, mis obligaciones diarias; pero sí adaptándolas a mis necesidades.

Una de las cosas que he aprendido estos meses es que: obligarme a “salir” de este estado haciendo “vida totalmente normal” es peor y no hace nada más que ir sobrecargando y empeorando más y más mi estado.
La solución que le voy viendo a fecha de hoy es “aprender a regular mi estado emocional para evitar llevarme al límite y, si llego, sé que tengo que adaptar en la medida de lo posible mis actividades diarias, respetarme y dejar que pase con ayuda de los recursos que me hagan sentir mejor”.

Burnout autista
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