Pensamientos antes y después del diagnóstico

Antes de tener el diagnóstico de TEA, y durante el proceso de obtención del mismo, solía tener una sensación extraña de que nadie me conocía de verdad.
Sé que es “normal” o “común” que todos nos comportemos de manera distinta en un entorno u otro. Pero a lo que yo me refiero es a ser una persona distinta. A tener un papel totalmente estudiado (de manera inconsciente seguramente) para cada sitio. Esto cansa mucho. Es agotador. 

¿Qué objetivo tenía tal desgaste? Quizás el simple y absurdo hecho de ser quien pensaba que los demás esperaban que fuera en cada lugar. 
Y de alguna manera le veo su sentido: Si vas por la vida a ciegas, sin entender lo que te pasa y lo que te rodea, pues el recurso más “fácil” para mí fue el de crear patrones de comportamiento para ser una más. Pero en ese momento no tuve en cuenta el desgaste emocional que suponía, ni cómo afectaría a mi autoestima u otros aspectos de mi vida. Estaba ocultando mi “YO”. Enmascarando algo que me ocurría por dentro pero que no era capaz de comprender ni de explicar. 

Con lo años es cierto que me fui dando cuenta de esta manera de funcionar y, por suerte, lo comenté en terapia en varias ocasiones. Al principio con ese sentido del humor que uso para contar cosas que me avergüenzan (esperando que me digan, de nuevo, que son tonterías mías) y al final ya con cierta angustia.

Al terminar el diagnóstico la pregunta cambió.
Para entonces ya tuve claro que esa sensación de ser diferente en cada sitio, era (y todavía es) algo real. Y la pregunta que me surgió entonces y que me hizo llorar mucho fue: ¿quién y cómo soy en realidad? Y en esto estoy 🙂