Cómo me ha afectado la pandemia

Un año más tarde que empezara esta pesadilla del coronavirus, quiero hacer una reflexión sobre cómo creo que me ha afectado, y me sigue afectando, la pandemia por Covid-19 en la parte que afecta a mi diagnóstico de autismo TEA-1 (Trastorno del Espectro del Autismo Grado 1) . 

He querido poner en negrita la última frase para que no se interprete el hecho de que sólo hable de mí sin tener en cuenta todas las vidas con las que ha arrasado el maldito virus. Al contrario, tengo en mi cabeza a diario a las personas que se ha llevado, y se sigue llevando el virus; de manera directa e indirecta. Los daños colaterales están siendo, y serán, devastadores. Pero hoy hablaré de cómo siento que me ha afectado en mi condición dentro del espectro del autismo.

Las semanas antes de que empezara esta pandemia terrible e inimaginable, estaba relativamente “bien”.
Justo había pasado unos meses muy malos a causa de un problema laboral grave, que a su vez me había hecho más fuerte y estaba en un momento de cierta calma pero de mucho cansancio acumulado. Poco antes, como comenté en el artículo sobre mi diagnóstico, me estaba aislando cada vez más del mundo e hice el primer paso hacia las pruebas para confirmar mi condición autista.
Pero, repito, justo entonces estaba aparentemente bien y remontando.

La primera semana de marzo se veía venir algo grave con la Covid-19, pero para nada me imaginaba algo tan grave, tan bestia, tan terrible… no sé describirlo. Algo que iba a cambiar nuestras vidas para siempre.  

Nos confinaron y mis sensaciones iniciales ahora sé que fueron incertidumbre y desconcierto por el cambio de rutina radical y por no poder anticiparme nada. En ese momento estaba totalmente “ida”, ausente, y creo que ni siquiera fui capaz de saber qué me estaba pasando.

Enseguida llegó la sensación que me acompañó durante todo el confinamiento: alivio por no tener que salir de casa.
No sentía pena por no poder quedar con nadie. Al contrario, estaba más tranquila que nunca, casi sin ansiedad. Me sentía en mi zona de confort, protegida, tranquila. Sólo echaba de menos salir a andar y ver el mar. 
Así que cuando me preguntaban qué era lo primero que haría cuando nos “soltaran”, siempre decía “ir andando a la playa para ver salir el sol”. Y eso hice con mi amiga Mónica (bueno, vale, llegamos cuando ya había salido el sol y encima habían nubes).  Pero lo hice cuando me dieron el alta el 15 de mayo, ya que estuve varias semanas con el maldito virus y tampoco tenía una forma física como para hacer grandes esfuerzos.

Durante el encierro me sentía “rara” porque veía a todo el mundo buscando la manera de mantener el contacto con videollamadas. Veía a personas de mi entorno tristes por no poder tener contacto físico con otras personas. A mí no me ocurría nada de eso. Todo lo contrario. Estaba feliz en casa. 
De hecho, hubo un momento en que le dije a mi psiquiatra que si eso duraba mucho tiempo, necesitaría terapia para salir de casa. Ahora la tengo y la sigo necesitando.

Es importante recordar que en ese momento todavía no tenía el diagnóstico. Así que todo esto lo seguía viviendo a ciegas desde mi “yo falto de respuestas”. 

Llegó el momento de “salir” de nuevo, aunque a medias, y fue duro. No sólo por cómo me sentía sino porque tomé conciencia del daño que me estaba, y está, haciendo esta situación. Yo creía que por una parte a mi me “beneficiaba” esta situación de “poca o nula socialización” y ahora digo que no es así. Todo lo contrario.

Estas son algunas de las cosas que me pasan, o que han cambiado, desde que nos dejaron empezar a salir de casa: 

RUIDO
Tolero mucho menos los ruidos. Ya sean sirenas, motos, coches, voces,… todo me irrita y me asusta más. Sobre todo, me asusta. Hasta el punto de agacharme en la calle en alguna ocasión, del “miedo”. 

COMPRAS
Siempre he intentado ir a comprar fuera de horas punta y prefería un pequeño comercio que grandes superficies. 
Tardé 11 meses en pisar el supermercado al que iba siempre. y a fecha de hoy sólo he ido esa vez, 15 minutos en concreto. 
En cuanto a ropa, llevaba bastante bien ir de tiendas (a pesar de que nunca ha sido algo que me fascine) fuera de hora punta, evitando primeros días de rebajas, claro.
Ahora sólo compro en una tienda pequeña de barrio donde me siento cómoda y que, además, me conocen y me ayudan mucho a elegir y saber lo que me queda bien (esto es otro temazo que debería abordar).
Alguna vez he ido a una tienda grande fuera de hora punta los últimos meses, cuando les han dejado abrir, tras andar un par de horas antes con una amiga. ¿Será que en ese momento estoy tan regulada que puedo con todo? Ahí lo dejo 😉 

TRANSPORTE PÚBLICO
Nunca ha sido santo de mi devoción el transporte público. El metro sobre todo.
Además a mí me encanta andar y he cruzado Barcelona varias veces andando sólo para ir a hacer un recado. Me quedo como nueva. 
Pero siempre lo he usado a pesar de mis manías y mis “cosas”. 
Desde marzo de 2020 sólo he sido capaz de coger el autobús 2 veces. Y no por miedo a contagiarme (que también, claro) sino más bien por el tema de contacto con otras personas. Por tener que socializar de manera “indirecta”.  

SOCIAL 
Por primera vez he sido consciente de todas las habilidades sociales que había ido adquiriendo, sin darme cuenta, a lo largo de mi vida. Y de golpe y porrazo…. ¡Zas! llega una pandemia y se las lleva por delante cual tsunami. Arrasa con todo y siento algo que no me había pasado nunca, siento que he perdido mi capacidad, incluso mi motivación, para socializar. 
Sé que estamos viviendo un momento duro y que posiblemente nos ha afectado a todos, con o sin diagnóstico, en cuanto a socialización. 
Por mi parte creo que sigo teniendo parte de la capacidad para “socializar de postureo” (costándome más energía que antes), llamémosle masking (camuflaje autista), pero no la de hacerlo por placer. Y esto me preocupa mucho. 
Siento una gran tristeza al ver que he perdido la motivación por querer tener y mejorar esas habilidades.   

Por otro lado, la situación que estamos viviendo, con continuos cambios, sin ningún tipo de previsión, me está resultando complicada a nivel de organización y rutinas.
Necesito orden en mi vida para que mi querida (ironía) disfunción ejecutiva no se cebe con mi dificultad para iniciar y llevar a cabo las tareas de mi día a día. 

En fin, cuando todo esto acabe tendremos mucho trabajo por delante para recuperar este daño que, de nuevo, ha ido dejando huella de una manera tan invisible y silenciosa.

Cómo me ha afectado la pandemia
Covid-19 y TEA