Trabajo en grandes empresas. Desmotivación y frustración.

Igual que en los estudios, en el trabajo me ha costado mantener la constancia y he convivido prácticamente siempre con la desmotivación y la frustración. Sobre todo en mis primeras experiencias laborales. 

Esto me ha causado muchos cambios «voluntarios» de trabajo y sector. De hecho, cuando me encuentro con alguien, suelen preguntarme “¿En qué estás trabajando ahora?”

Hoy voy a escribir sobre mi experiencia en grandes empresas. 

Siempre he sido muy trabajadora, muy hormiguita y, a pesar de ser rígida por dentro, por fuera siempre he sido “moldeable” y me he ido adaptando a las circunstancias, aunque esto me costara mi salud (física y mental). 

Pocas veces he visto valorado, y mucho menos recompensado, mi trabajo. 

En algunos momentos he sentido que alguien se interesaba por mi trabajo y lo valoraba. Años más tarde me he dado cuenta que, fruto de mi ingenuidad, hubo quien se aprovechó para convertir mi trabajo en sus méritos. 

Durante muchos años he ido batallando con mis dificultades atencionales y organizativas, sin saber lo que me pasaba, para desempeñar mi trabajo. Eso sí, con más de una baja laboral por ansiedad / depresión y bastantes temporadas con medicación para “ayudarme” en mi día a día.

Quizás fue “gracias” a mis dificultades de concentración, lo que me llevó a mi primer diagnóstico, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Aunque esto no dio respuesta a las dificultades en las interacciones sociales que sí me da el diagnóstico de autismo. 

Estuve casi 7 años en puestos ejecutivos, rama comercial… ¿Os imagináis el despropósito? Yo lo “quería hacer” porque en mi entorno estaba muy bien visto ocupar estos cargos (soy una pro en hacer lo que los demás esperan de mí). Pero…. PERO… tenía que hacer visitas a empresas; o a veces tenía que vender productos en los que no creía (eso era misión imposible para mí); y tenía que hacer reportes de mi actividad (vamos, ser organizada).  

Tengo que reconocer que las primeras visitas no me incomodaban mucho y, como en las relaciones personales, lo que me costaba horrores era mantener esta relación y afianzarla.

Mis jefes siempre se quejaban de que tenía mucha facilidad para “abrir” puertas y para ser creativa en ofrecer soluciones, pero luego me costaba el cierre de las operaciones. Muchas veces reconozco que, viéndolo en la distancia, era por propio descuido y/o falta de motivación. Real como la vida misma en mi día a día. 

En cuanto a relaciones personales en el trabajo; me he sentido querida por quienes me han querido conocer a pesar de tener esta coraza que me hace inaccesible a los ojos de muchos. Y a la vez me he sentido muy invisibilizada por quienes me veían como “la que está en el departamento de…”.
Me dolía mucho la actitud de algunas personas que ni siquiera me saludaban por considerarme “nada” supongo. O por lo menos así me solía sentir yo.  

Si en mi entorno personal ya tenía tendencia a buscar aceptación en todo lo que hacía, en una empresa todavía era más exagerado. 

El hecho de sentirme diferente y esa sensación de no pertenencia, es evidente que en el entorno laboral todavía ha sido más latente.
Y es que nunca he podido entender el porqué se premiaba más a los que eran más “amiguetes” con los jefes que a las personas trabajadoras y responsables. 

Me resultaba incomprensible y totalmente desmotivador ver cómo la superficialidad ganaba a cosas tan básicas como, por ejemplo, la vocación. O que estuviera más valorado el calentar una silla horas y más horas, con baja productividad, que el hecho de ser capaz de desempeñar un trabajo perfectamente y a la vez hacerse cargo de unos hijos (o simplemente dedicarse a uno mismo).  

Por mi parte me resultaba muy difícil imitar este patrón laboral de ambición alimentado de “peloteo”, mentiras y trepas.
Me resultaba difícil tanto por la intensidad de interacción social que suponía, como por verlo como algo totalmente absurdo e injusto. Y si hay algo que no tolero son las injusticias. 

Siempre he sentido muchas dificultades para encajar en un mundo laboral hipócrita, superficial y competitivo. Donde no destacan las capacidades y sueños de cada uno sino la capacidad para sobresalir y llamar la atención de tus superiores sin importar a quien tengas que pisotear por el camino. Lleno de etiquetas y medallas. 

Es verdad que en los últimos años ha habido un cambio y se ha empezado a hablar de cosas como el “salario emocional” o “cuidar de tus empleados”. Y seguro que sí, que habrá quien habrá cambiado, pero creo que todavía necesito ver muchos más cambios para creerme que realmente vamos encaminados hacia un entorno laboral más “humano”.

Creo que nunca he estado preparada, ni lo estaré, para formar parte de un sistema laboral tan falto de valores. 

Ahora mismo tengo la suerte de trabajar con un equipo de personas para las que el respeto y la capacidad de ver oportunidades en la diversidad están por delante de todo lo demás. Y os aseguro que estamos obteniendo unos resultados asombrosos.

En el próximo capítulo contaré cómo salí de ese mundo de arpías para llegar donde estoy ahora, pasando por el descubrimiento de mis pasiones.

Creo que nunca he estado preparada, ni lo estaré, para formar parte de un sistema laboral tan falto de valores.

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