Amigo, amiga, sí que me importa, claro que me importa.

Todos sabemos que cuando estamos con alguien (o una misma) que está pasando un mal momento se espera una reacción que pase por el contacto físico.
Parece que el contacto físico acompañado de palabras adecuadas es la manera más aceptada de consuelo en la sociedad neurotípica. 

En mi caso no. En mi caso no digo que me moleste que estemos físicamente cerca en ese momento. De hecho, seguramente quiero que estés (o estar yo) allí, pero si puedo elegir, será en silencio y sin contacto físico. Y si puedo seguir eligiendo, será cada uno desde su casa, no nos engañemos. 

Seguramente esto te hará sentir una sensación extraña y un tanto incómoda. Yo también me siento rara por no poder darte de manera natural el consuelo “físico” que me pides, pero me esforzaré en hacerlo si es importante para ti; igual que agradeceré infinitamente que respetes mi espacio cuando soy yo la que está mal. 

El hecho de actuar de una manera distinta no significa que sea una insensible o que no me importe lo que te pasa. Claro que me importa si tú me importas (remarco esto último) y seguramente lo siento tanto como tú pero si mi manera de demostrártelo tiene que pasar por un contacto físico, me voy a sentir incómoda. Porque el contacto físico me suele resultar violento. 

Si somos capaces de tener una comunicación sin prejuicios que esté por encima de todas las etiquetas, encontraremos el equilibrio que dé sentido a nuestra amistad. 

(Canción que estoy escuchando mientras escribo y concierto al que iría, aún sabiendo que me encontraría a miles de personas juntas, si alguien inventara una máquina del tiempo).